Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

El engaño y la traición: 9ª parte

Desenlace

Horas después Victoria García, la jefa del PST (proyecto de solidaridad tecnológica) y titular del ICTI, llegó a visitarla:

Gracias por venir — murmuró Irene, algo cansada.

No podía hacer otra cosa: me dijiste que era importante —. Comentó Victoria, observando con curiosidad a la presidenta.

Irás a la Ciudad en representación de la Confederación. Será una continuidad de tu trabajo en el PST, pero a un nivel mayor de sofisticación tecnológica.

¿Qué pasará con mi puesto actual?

Ya he encontrado a tu reemplazante: llega hoy.

¡Vaya! ¿Debo ponerme celosa? — Rió Victoria.

Irene sonrió y dijo:

Confío en ti, Victoria. A partir de ahora tendrás una responsabilidad muy grande. Por cierto , supongo que deberás hablarlo con tu esposo.

Gabriel entenderá. Siempre me ha apoyado, y esta no será la excepción—, dijo ella, sonriendo. Luego preguntó:

¿Qué harás ahora?

Esperar. El plazo que nos pidieron los militares de la Ciudad está concluyendo. Creo que pronto habrá buenas noticias. Por cierto, le debo una entrevista a Beatriz. Creo que esta será la última.

Efectivamente así fue; el plazo pedido por los militares terminó y al cabo del mismo, éstos comunicaron a la presidenta y a sus aliados que se rendían.

Muy pronto, las instalaciones de la Ciudad pasaron al control de los aliados, a los cuales entregó el mando la doctora Nadia Kovaleski.

Rodeado de soldados de la Tierra, el presidente de Consejo insistió en acercarse a Kovaleski. Al verlo ella se detuvo y esperó. Junto a ella se encontraban también Reika Tsukishiro, Alexander Carr y Dorian Sagan.

Donald Kormann estaba furioso y desconcertado.

¿Por qué lo hicieron? Dejaron que la Ciudad cayera en manos de los bárbaros de la Tierra ¿Por qué?

Al principio fue para sobrevivir — respondió tranquilamente Alexander—. Pero después terminamos entendiéndolos. Tal vez a los ojos de Ciudad, la Confederación sea una locura, pero nosotros quisimos ser parte de esa locura. Sencillamente, fue como hallar el lugar al que realmente pertenecíamos.

Ese sueño no durará. Los bárbaros se pelearán entre ellos y ustedes pagarán las consecuencias— rió desdeñosamente Kormann — Además toda esa cursilería barata no cambia el hecho de que son traidores. Nadie confía en los traidores, les harán la vida imposible recordándoles a cada momento quienes son.

Porque se ama la traición y se desprecia a los traidores — recitó Nadia con ironía para luego agregar —. Tendremos que vivir con ello. En cuanto a la suspicacia continua, la Ciudad ya nos entrenó al respecto.

Debimos desconfiar más. Lo que no entienden es que sus planes ilusorios ahora no estarán bajo el control de la Ciudad. Eso es un peligro ¡Los idealistas en el poder sólo saben fundar tiranías!— Gritó indignado Kormann —. Hablan de justicia, de igualdad, y olvidan que la naturaleza humana no puede ser cambiada ¡Nadie puede! Pero se pierden vidas yendo detrás de estrellas que ya se apagaron.

Nuestras vidas le preocupaban menos cuando trataban de eliminarnos — señaló Reika.

No intente escudarse tras figuras poéticas — replicó a su vez Nadia — Los verdaderos ilusos son los que creen que la gente puede dejar de soñar con un mundo mejor…

La respuesta de Donald Kormann fue una andanada de insultos. Nadia hizo un gesto y se lo llevaron.

Debo irme —les comunicó a sus compañeros—, supongo que ustedes volverán a la Tierra mañana ¿No es así?

Claro. ¿A qué se debe el apuro? — preguntó maliciosamente Alexander.

Me esperan…

¿Para jugar al ajedrez?

Entre otras cosas — rió Nadia mientras se alejaba, dejando atrás un coro de risas y silbidos.

En la Tierra, Irene Cruz había escapado al bullicio de la celebración. Sin embargo, no estaba descansando. Se paseaba nerviosa bajo la mirada burlona de Beatriz, que se había presentado en su despacho para la entrevista prometida.

Detente, me estás mareando.

Lo siento — murmuró Irene, y se detuvo—. Pregúntame lo que quieras.

Cuéntame que pasó.

Irene le relató detalladamente lo sucedido.

Te ves cansada. No querías que terminase así ¿Verdad?

No tenía muchas opciones. Ella estaba desesperada. Pero aún así no puedo odiarla. Después de todo, sólo quería lo mejor para sus hijos.

A todo esto ¿Cómo están?

Los dejé con la niñera. Estaban durmiendo cuando me fui. Tienen suerte de ser tan pequeños. La gente siempre dice que teme que esto o aquello afecten a los niños, pero en verdad somos los adultos los que más tememos afrontar la realidad.

¿Se debe a eso la farsa que armaste? Parece que la simulación continua es la única virtud que tienes. Y le causó la muerte a tu propia hermana.

Ella creía en ti. Esa fue su perdición. Y tú creíste las mentiras que le dije a ella porque era lo que querías oír. Es el problema de querer acomodar la interpretación de la realidad, no a la realidad sino a los propios deseos. Temo que cuando te dediques a las columnas sociales ya no te podré leer tan seguido. Nunca me han interesado los chusmeríos de celebridades, y mucho menos los que son acerca de mí. Son los más aburridos.

¿Vas a hacer que me echen de mi empleo? Eso es autoritarismo puro. Típico de este régimen.

Nada de eso. Sólo sospecho que no te recibirán con tanta alegría después de perder una fortuna siguiendo tus consejos. Y los nuevos integrantes de la embajada tampoco querrán verte tan pronto.

¿Qué insinúas?

No eres la única que pasó informes confidenciales a la Ciudad, pero eres de las más famosas. Eso se llama traición, ma cherie.

No soy funcionaria de este gobierno.

Eso quizá te salve de una condena pesada. Pero ya no confiarán en ti…

Beatriz se acomodó el pelo con gesto de cansancio.

Todos debemos vivir con nuestros errores a cuestas y aceptar sus consecuencias. Espero que tú también puedas. Por cierto, no me has explicado aún que hacemos aquí: deberías estar en los festejos o descansando. Podías haberme dado la entrevista mañana por la mañana o más tarde¿A quién esperas?

Eso no es verdad: te prometí que sería en cuanto terminara todo. Me fuiste muy útil y quise agradecértelo. Aunque en verdad esto recién comienza.

La gente terminará dándose cuenta de que eres un fraude. Usas el poder para una mascarada.

Preséntate en las próximas elecciones con ese lema y ve cuantos te votan. Nosotros continuaremos con el proyecto de solidaridad tecnológica. Y algo más: nos haremos cargo de la Ciudad. Con ayuda de los chinos, y de las ciudades libres, claro está. Para eso nos han elegido, después de todo.

Ganar las elecciones no significa tener la razón.

Pero es necesario para luchar por un poco de poder. Y para enfrentar a otros poderes que no se presentan a elecciones pero por eso mismo están siempre. Eso es algo que jamás entendiste. En cuanto a quién espero, ya la verás: es alguien de la Ciudad. Dí orden de que la dejaran pasar en cuanto llegara.

Esa debilidad puede costarte cara: la traición se vuelve costumbre.

Me ha sido más leal que muchos que me juraron lealtad por años…

En ese momento se abrió la puerta y entró Nadia. Lucía menos maquillada
de lo habitual y parecía muy cansada.Irene se levantó y caminó hacia ella. Se miraron en silencio, como si todo lo que había por decir ya hubiese sido dicho…Estaban muy
cerca,casi rozándose…
Beatriz se retiró sin decir nada. Tenía sus propios asuntos en que pensar…

Horas más tarde, ya en casa de Irene, las dos jóvenes contemplaban el cielo nocturno. Desde allí la Ciudad no era visible pero su presencia se seguía sintiendo.

Algún día iremos en busca de nuevos mundos — murmuró Irene — siguiendo el camino que la Ciudad preparó. Pero nunca olvidaremos que la Tierra fue nuestro primer hogar.

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2 comentarios

  1. Entre farsas, simulaciones, engaños, traiciones (un gran etc.); amor, sueños, proyectos (más etc.) son posibles. Como en la vida misma.
    ¡Felicitaciones, Iris! Se renuevan mis ganas de mucho más. Será cuestión de aguardar nuevas historias. 🙂

    Me gusta

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