Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

El engaño y la traición: 8ª parte

Se revela una traición

Las horas transcurrían: en la Tierra, la presidenta Irene Cruz sabía que se había jugado todo a una única carta. Como en el ajedrez, había preferido amenazar al rey antes que a los peones, pero existía la posibilidad que hubiese sobrestimado el valor de la Ciudad.

Se encontraba en el ojo del huracán, pero no podía aprovechar la momentánea calma para descansar. En vez de ello, debía resolver un asunto personal; o al menos familiar. Tal como temía desde el principio sus investigaciones la habían conducido al peor de los escenarios posibles y ahora no quedaba más remedio que afrontarlo.

La puerta se abrió en ese instante, y dejó paso a la figura menuda de Lilith, la cual sostenía una bandeja con una taza de café y masitas.

Debes estar cansada — comentó mientras sonreía con algo de afectación — y hambrienta. Te traje café.

Por toda respuesta Irene sacó un arma del cajón del escritorio y apuntándole con ella le ordenó que dejara la bandeja y se sentara.

Lilith obedeció, al parecer muy sorprendida. Su hermana sonreía plácidamente, pero la mirada de sus ojos desmentía toda señal de simpatía.

¿No pensaste que ser leal podía ser una buena opción, verdad?

¿De qué hablas?

De nada especial, hermanita; tan solo de traición y de magnicidio. No te preguntaré el precio. No me interesa. Lo único que me importa es que tú entregaste a mi hermano para que lo mataran. Y estuviste a punto de provocar mi muerte. Porque yo debía viajar en ese avión. Hubiese sido un golpe maestro: el presidente saliente y la presidenta electa mueren en un terrible atentado. Me salvé porque a último momento debieron llevarme al hospital para una apendicectomía. Supongo que tampoco esperabas que tu esposo viajara en el avión: después de todo era el vicepresidente electo, fue en mi reemplazo. No estaba invitado originalmente. Me pregunto si sospechaba algo…

Lo que dices es absurdo. Yo ni siquiera conocía el itinerario del viaje. Mucho menos sabía que tú irías en el avión.

¡Oh, sí! Ahora recuerdo. Mi hermano nunca te mencionaba adonde iba, y por supuesto, jamás te habló de sus planes. Tu esposo callaba todo. Mantenía el secreto para protegerte.

Así es — asintió vigorosamente Lilith.

Podría ser verdad, si se tratase de personas totalmente diferentes. Pero estamos hablando de Ariel. Confiaba en su familia como nadie. Y tu esposo, Daniel, era muy leal, pero jamás fue muy discreto cerca de una mujer bonita.

Daniel nunca me habló de política — insistió Lilith.

Irene ignoró el comentario y continuó diciendo:

A pesar de ser de la familia desconoces nuestro principal defecto: no somos muy sinceros. Siempre decimos las cosas a medias, y guardamos un as bajo la manga — al decir esto sonrió y aclaró:

Sólo los que tienen fama de sinceros pueden ser mentirosos eficaces, hermanita.

Lilith palideció, pero Irene continuó hablando como si nada sucediese.

¿Entiendes lo que quiero decir?

No tenía ningún motivo para traicionar a mi hermano. Y mucho menos a mi esposo.

No estabas traicionando a tu esposo: si Ariel y yo moríamos trágicamente, Daniel sería “la esperanza blanca” con la que soñaban tantos. Y gobernaría guiado por ti: tenías un poderoso motivo, ¿verdad? La muerte de Daniel truncó tus planes…

Lilith se estremeció casi imperceptiblemente. Miró fijamente a su hermana y al arma que sostenía. Luego pareció derrumbarse, mientras Irene comentaba con un dejo de ironía en su voz:

Sospeché de ti desde el comienzo ¿Sabes por qué? Por pequeñas incongruencias: cosas que tú decías ignorar y que yo sabía que Ariel o Daniel no dejarían de contarte. Tu absurda petición de que encabezara una especie de vendetta. Tu repentino interés por hacerme compañía y escuchar sobre la situación política de la confederación; algunas inoportunas e inexplicables filtraciones…

¡Maldición! — estalló Lilith — Puedes engañar a esos necios que te siguen pero no me engañas a mí. Están ciegos y no ven la realidad. Con sus estúpidas y absurdas utopías. Con discursos no cambias la vida de nadie. Mucho fingir heroísmo ante la Ciudad ¿Qué han hecho realmente para mejorar la vida de la gente? Muy poco… Yo era la única sensata y debía velar por mis hijos. Me prometieron la ciudadanía para mí y mis hijos si cumplía la misión que me había sido asignada. Y además estaba Daniel: él hubiera hecho que la Confederación se volviese confiable otra vez…

Lees demasiado a Beatriz. Si salieras un poco de la capital verías como han cambiado muchas cosas en estos últimos 12 años. Pero eso no importa: la ciega eres tú, hermanita. No entiendes que los hombres de la Ciudad no hacen concesiones a quienes desprecian; simplemente los usan primero, y los desechan después. Nunca te hubiesen concedido la ciudadanía plena, y mucho menos se la darían a tus hijos ¿Por qué crees que no te sacaron de aquí apenas cumpliste tu tarea?

No me vengas con argumentos de paranoicos. Lo que sucedió fue que había que realizar algunos trámites y eso lleva tiempo. La culpa la tienen ustedes: con su resistencia inútil los han vuelto desconfiados.

Sin ella nos hubiesen eliminado hace mucho tiempo. Sin embargo, debo agradecerte el modo tan eficaz en que difundiste los datos falsos que te proporcioné “accidentalmente”. Fuiste de gran ayuda, involuntariamente, claro está. Beatriz no estará muy feliz , en cambio. Gajes del oficio.

Estás chiflada, igual que quienes te siguen. Pero aún no han ganado.

Sólo falta un poco. En este momento tú tienes otros problemas más urgentes de que preocuparte: afuera esperan para detenerte. Serás juzgada por el cargo de alta traición y como cómplice de magnicidio. Lo de tu esposo fue imprevisto, tendrán eso en cuenta.

En ese momento alguien golpeó discretamente la puerta. Lilith comenzó a llorar y suplicó:

No puedes hacerme esto. ¿Es que no tienes piedad? ¿No comprendes lo que he sufrido? Yo quería mucho a Ariel, y aún amo a Daniel, pero ante todo, soy madre.

Al menos estarás viva; en este país no existe la pena de muerte. Es más de lo que permitiste a mi hermano.

¿Piensas que es más compasivo que alguien se pudra en prisión? Ustedes los idealistas predican la compasión y practican la crueldad. Si no es por mí, piensa al menos en mis hijos: ellos serán los que sufrirán si yo voy a prisión. Crecerán rodeados de murmuraciones. La gente los señalará y hablará a sus espaldas ¿Piensas que puedes protegerlos de eso? ¿Por cuánto tiempo?

Irene la miró fríamente y le dijo:

¿Sabías que Ariel iba a casarse? Con Christian. Ambos murieron en el avión…

Déjate de cursilerías. Le advertí a mi hermano que dejase esa vida licenciosa que llevaba, pero no me hizo caso. Ariel era una abominación a los ojos de Dios. Recibió su castigo.

Menos mal que lo querías, hermanita. No te preocupes por los niños. Los cuidaremos. Después de todo, son mis sobrinos—. Luego, elevando la voz ordenó:

Entren —. Y un grupo de policías ingresó al despacho.

Lilith suspiró y murmuró resignada:

Supongo que es la mejor opción —, y en un gesto repentino se bebió rápidamente todo el contenido de la taza de café. Después se dejó conducir fuera de allí. Minutos más tarde se desplomó ante la mirada atónita de sus guardianes, que rápidamente pidieron una ambulancia. Murió camino al hospital, sin que ninguno de los intentos por reanimarla tuviese éxito.

Irene recibió la noticia sin demostrar emoción alguna. Tenía una difícil tarea entre manos y se dedicó a ella tratando de no pensar en otra cosa.

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4 comentarios

  1. “Le advertí a mi hermano que dejase esa vida licenciosa que llevaba, pero no me hizo caso. Ariel era una abominación a los ojos de Dios.”
    ¡A la flauta, soy licenciosa y abominable! Me he garantizado la expulsión del paraíso, o su pérdida 😉
    “Y en ausencia del amor no existe dicha./ Lo que tú de puro en el cuerpo gozas/ (Y creado puro fuiste) lo gozamos los Espíritus/ En eminencia, sin obstáculo ninguno/ de membrana, miembro o hueso, excluyentes trabas:/ Más que el aire con el aire, si los Ángeles se abrazan,/ Se fusionan por completo, uniéndose pureza/ A lo puro que desea; no requieren medio restringido,/ Como carne que con carne se combine, o alma y alma” (Paraíso perdido, John Milton)

    Cada entrega ratifica que la historia es excelente.

    Me gusta

  2. “Sólo los que tienen fama de sinceros pueden ser mentirosos eficaces”
    La confederación esta mas firme que nunca,que onda Beatriz?
    .Aguante Iris!!!
    besos!!!

    Me gusta

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