Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

El engaño y la traición: 1ª parte

Después del funeral

Lilith se sentía angustiada. Ciertamente la viudez prematura no era uno de sus planes para la vejez. Con treinta y cinco años a cuestas y dos hijos pequeños, las perspectivas no eran las mejores. Y sin embargo, como hermana y esposa de políticos prestigiosos de la Confederación, sabía que corría ese riesgo.
El doctor Ariel Cruz había presidido la confederación por doce años. Poco antes de que entregase la presidencia a su sucesora (Irene Cruz), un atentado había terminado con su vida y con la de los demás ocupantes del avión en el cual viajaba, entre los que se hallaba el esposo de Lilith,nada menos que el vicepresidente electo.
Tenía a sus hijos — se decía Lilith con insistencia— mientras manipulaba la arcilla. Era lo único que debía importarle.
Se apartó el cabello del rostro, manchándose la cara en el proceso, un poco fastidiada. Ya no lloraba, pero la palidez de su rostro (mayor de lo habitual) y los círculos oscuros alrededor de sus ojos revelaban el sufrimiento padecido. Miró la obra, todavía inconclusa y el resultado no la satisfizo.
— ¿Te encuentras bien, hermanita? — La voz de Irene la distrajo de sus pensamientos. La joven permanecía sentada frente a ella, posando para una especie de escultura-retrato por expreso pedido de Lilith, y la observaba con curiosidad. A pesar de ser hermanas, no podía pedirse un contraste más pronunciado entre las dos mujeres: Lilith era menudita, rubia y de rostro aniñado; Irene, en cambio, era alta, morena y, si bien era muy bella, aparentaba todos y cada uno de sus años.
— No me agrada que me llames así. Soy mayor que tú ¿Recuerdas?
— Me gusta llamarte así. Además, Ariel me dijo varias veces que si le sucedía algo a él, yo debía cuidarte. Siempre fuiste muy dependiente.
— A veces eres muy insensible. Tú perdiste un hermano, igual que yo, pero no quedaste viuda y con hijos a cargo. Casi no te he visto desde el funeral de mi esposo y ahora vienes a burlarte de mí — Le recriminó Lilith, mientras seguía moldeando las cejas de su escultura.
Irene sonrió ligeramente antes de responder. Después, súbitamente seria comentó:
Murieron muchas más personas en ese avión, hermanita. No vine antes porque estaba ocupada. Además, sabes que ahora soy la presidenta de la Confederación. Y tengo que ajustarme a un protocolo de seguridad más riguroso. Después de todo, se teme que haya un nuevo atentado.
— ¿Tan pronto?
— Es lo mejor; machacar en caliente, cuando todavía no nos hemos recuperado del golpe anterior.
— Pero asististe al funeral de Ariel … ¿Eso no fue una imprudencia? Había una multitud allí. Si algún loco hubiese querido aprovechar la oportunidad…
— ¡Ya lo creo que fue una locura! Pero no podía estar ausente. Era necesario que vieran que confiaba en mi pueblo y que estaba lista para continuar el camino que Ariel comenzó. Además, el atentado contra mi hermano no fue obra de un loco…, lo que lo hace más preocupante.
— ¿Qué quieres decir?
— Quiero decir que debió haber un traidor — Lilith se estremeció al oír esas palabras — Quizás alguien del servicio de protección. No cualquiera puede poner una bomba en un avión presidencial…
— Te encargarás de averiguarlo ¿Verdad?
— No, mi tarea es gobernar la Confederación. Otros buscarán al culpable.
— ¿ No temes que el culpable se escape y quede impune?
— Ten más confianza en la Policía y en los fiscales, hermanita.
—Quisiera tener esa confianza. ¿No has leído acaso las últimas noticias? ¿Acaso te tienen en el limbo?
—Ya me gustaría. Pero es mi obligación leer de todo. De otro modo ¿Cómo me enteraría sino que la Confederación se cae a pedazos por culpa de mi inmadurez, locura e ineficacia?
—Tal vez deberías leer con más calma las críticas y aprender de ellas.
—Dime que lección saco de un editorial que lamenta que yo no haya muerto en la sala de operaciones.
—¿Fue tan grave lo tuyo?
—No, una simple apendicitis. Me quitaron el apéndice y estuve lista para asistir al funeral de nuestro hermano. La medicina moderna es maravillosa.
—Eso fue un poco cruel…
—Lo siento. No fue mi intención. Pero no es verdad que no escuche las críticas. Lo hago. Sólo que eso no significa que vaya dejarme llevar de la nariz… No te confundas.
—No sé nada de política y no quiero discutir.
—Tú siempre has vivido fuera de la realidad, hermanita. Supongo que es algo muy típico de los artistas, aunque claro está, hay excepciones…
Lilith bajó los ojos y balbuceó :
—¿Acaso no has pensado en vengar la muerte de Ariel? Recuerda que eres la cabeza de la familia: Ariel lo dejó muy claro — Insistió Lilith con vehemencia.
Irene sonrió una vez más, pero la mirada de sus ojos castaños era fría y Lilith no pudo evitar estremecerse.
— Por mi parte, eso significa que debo cuidar de mi familia y cumplir mis deberes como gobernante. No tengo tiempo para la venganza.
— Eso es muy grandilocuente, pero tú no puedes reemplazar a Ariel.
— Tampoco tengo esa intención. Yo soy diferente, tengo mi propio estilo.
— Lo siento, no quise ofenderte. Estoy siendo descortés. Quédate quieta un momento: debo moldear los labios. Después, si tienes tiempo prepararé un poco de café.
— Está bien, puedo esperar.
Lilith continuó trabajando en silencio varios minutos más. Una vez que estuvo segura de haber captado los rasgos fundamentales de la modelo se puso de pie y se dirigió a la cocina.
Poco después, mientras tomaban el café Irene preguntó:
— Cuéntame algo de Helena y Manuel ¿Te han causado muchos problemas?
Lilith miró fijamente su taza de café antes de contestar:
— Claro que no. Son muy pequeños y no entienden lo que ha sucedido. Si fueran mayores hubiese sido más difícil para ellos — su voz se quebró y se apresuró a tomar un sorbo de café antes de continuar —. Tuve que retirarme durante el funeral porque estaban cansados y no quería dejarlos con una niñera.
— Nadie hubiese esperado que permanecieras de pie durante tantas horas.
El funeral duró varios días. Todos querían ver a Ariel.
—Tú lo hiciste. Estuviste horas de pie y estabas convaleciente de una operación.
—Tal vez lo hice por vanidad ¿No lo has pensado? Me gusta tener público. Y aquella era una oportunidad de ser vista por mil
lones de personas que pasaron por allí, y por otras millones de personas que lo vieron por televisión…
—Tienes un sentido del humor extraño.
—Eso es verdad. Pero en respuesta a tu comentario, lo cierto es que lo hice porque es parte de mi trabajo. Soy política ante todo. Ni siquiera he podido darme el lujo de llorar por Ariel .
—Ariel también vivía obsesionado por el trabajo. Es un defecto de familia.
—Uno de nuestros defectos más inofensivos.
— A veces parezco adoptada, porque nunca pude entenderlos. Debes darme la lista completa…
Irene se marchó enseguida. Tenía mucho trabajo pendiente. Sin embargo, insistió en que Lilith fuese a visitarla cuando quisiera. Le daría instrucciones a los guardias para que la dejaran pasar.
Una vez sola en su casa, Lilith pareció tranquilizarse. Tal vez sus temores eran infundados. Todo saldría bien. Sería mejor que preparara la cena.

 

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2 comentarios

  1. Ud. ya sabe, o puede intuir a esta altura de las circunstancias, que aguardo impaciente la 2ª parte. Fuerzas superiores se empeñaron en que mi jornada laboral comenzara intempestivamente haciendo trizas todos mis rituales. Leer su post trajo aire fresco a mi día. 🙂

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