Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

Nadia Kovaleski

El juicio

La joven parecía estar ausente mientras oía los cargos en su contra. Eran numerosos, pero no necesariamente variados. La Ciudad no era muy original: simplemente castigaba todo lo diferente.

Donald Kormann la miraba con curiosidad. Ciertamente era hermosa. Con demasiada personalidad para su gusto.
El ascenso de Nadia Kovaleski había sido tan vertiginoso como su caída. Había sido la mejor alumna de Víctor Bradbury, el último descendiente varón del mítico Richard Bradbury, y éste la había recomendado calurosamente para el cargo de Directora del proyecto New Edge.

Tal vez él la hubiese defendido, pero había muerto trágicamente en un accidente hacía unos meses. Su muerte la había dejado sin uno de sus principales defensores.

Había sido una niña rebelde, pero sus altas calificaciones la habían colocado en el nivel uno, a diferencia de sus compañeros más cercanos, que fueron a parar al nivel más bajo. Casi todos habían muerto ya, debido a las duras condiciones de trabajo.

Nadia no pareció mirar atrás, y continuó los estudios, obteniendo las mejores calificaciones. Parecía haberse calmado y ya no buscaba problemas.

Pronto llamó la atención de Víctor Bradbury, famoso por rodearse de alumnas, algunas brillantes, y otras simplemente hermosas. Las malas lenguas decían que las primeras eran para el laboratorio, y las segundas para la cama. A pesar de su belleza, ella pertenecía al primer grupo.

Por supuesto, la esposa de Víctor la odiaba más que a ninguna. Su marido había cometido la imprudencia de elogiarla frente a ella, y su pequeña hija, que la había conocido en una de las visitas que le hacía al padre en el laboratorio, le había dicho que quería ser como ella. Después de eso, le había prohibido ir al laboratorio, pero tuvo que ceder ante los pedidos de su esposo, que insistía en llevarla una vez al mes, para que conociera el lugar y se interesara en su trabajo.

No habían tenido hijos varones, y Víctor había decidido que su hija seguiría la senda familiar.

Luego de la muerte de su marido,ella alejó a la niña de todo lo que oliera a ciencia, con relativo éxito.

Durante el juicio, la mujer maldecía alternativamente a su difunto esposo y a la joven, esperando escuchar la sentencia.

Clemente XVI festejaba internamente la caída de Nadia. Como ella no pertenecía a una familia católica, no la conoció sino hasta la etapa final de su formación, cuando su ahijado Francisco Rojas se la señaló, y le dijo que el profesor Bradbury la había elegido a ella y no a él para un cargo en la Universidad.

Él decidió interceder y fue a hablar con Víctor.

Clemente trató de convencer a Víctor de que la echara del cargo y la destinara a alguna tarea menor, pero no tuvo éxito:

— ¿Está loco? Es la mejor alumna que he tenido.

— ¿En la cama?

Víctor se rió:

— Ya quisiera yo, pero Nadia no es de esas chicas. Vive para la ciencia.

— Es soberbia.

— Tiene motivos.

Clemente decidió ir al grano:

— ¿ Por qué no le da una oportunidad a Francisco Rojas?

— Porque es un idiota. No tiene talento y nunca lo tendrá. No quiero monaguillos, quiero científicos.

— ¿Y prefiere a una mujer en su lugar?

— Kovaleski es inteligente y creativa. No hay comparación.

Ante su fracaso, Clemente decidió hablar con la joven. Nadia lo saludó con amabilidad, pero sin mucho interés. Él fue directo:

— Dígale a Víctor que renuncia. Que no puede dedicarse a un puesto tan importante.

— ¿Por qué haría eso? Siempre quise llegar a ese lugar.

— Pero no tanto como Rojas.

— Lo lamento por él. Pero no defraudaré la confianza de Bradbury por un simple capricho suyo.

Clemente insistió , pacientemente:

— Es un puesto muy agotador, y no le dejará tiempo para nada más. E igual deberá dejarlo cuando quiera formar una familia. Por eso siempre desaconsejo a las jóvenes estas carreras. Es mejor algo corto, y que permita tener tiempo para atender a los nenes y al marido.

Nadia se rió abiertamente:

— Me gusta mi trabajo y no pienso tener hijos, Su Santidad.

El anciano la miró con reprobación, y respondió con condescendencia:

— Mi niña, las jóvenes siempre dicen eso , pero después se enamoran, se casan, y tienen bebés. Así lo quiere nuestro señor. Una mujer que no es madre, es media mujer.

— ¿Eso se aplica a las monjas, Su Santidad?— preguntó ella, con fingida curiosidad.

— Claro que no . Ellas destinan su vida a Dios. Es distinto.

Un destello en su mirada le reveló la maldad inherente a ella. Era evidente que se burlaba de él, aunque aparentara seriedad.

Clemente le comentó su preocupación a Francisco Reed. Éste, un simple funcionario menor del Departamento de Moral, le dio la razón.

Francisco Reed la odiaba desde que la conoció. En ese momento era profesor de Moral y Buena Conducta en la formación básica. Primero por su rebeldía inicial y sus excesivas preguntas, luego por algo más indefinible.

Había algo falso en su excesiva perfección: no se peleaba con nadie, contestaba siempre con cortesía, y conocía la Biblia al dedillo, y no parecía volverse loca por los chicos como las demás jóvenes de su edad. En cambio, su soberbia era evidente y crecía con ella. De seguro no tardaría en cometer un error.

Pero los años pasaban y nada sucedía. Nada , salvo su ascenso a puestos cada vez más altos.

Claro que también él había ascendido. Ahora era nada menos que el jefe del Departamento de Moral y Buena Conducta.

Ella no pareció impresionarse por su cargo. Lo saludaba con cortesía e indiferencia.

Pero él había logrado atraparla. La soberbia la perdió. Después de la muerte de su marido, la esposa de Víctor la denunció. Un allanamiento fue suficiente. La joven tenía ocultos libros prohibidos. Además, sus ex-compañeras la habían oído hacer comentarios irónicos sobre religión, y su historial mostraba que eludía las ceremonias religiosas.

Confrontada, Nadia negó todo. Pero bastó la amenaza de ejecutar a sus antiguos amigos de la infancia (los que aún quedaban) , para que confesara.

— No los he visto en años — respondió ella.

— Aún así no creo que quiera cargar con la culpa de su muerte. Le prometo que no será rápida.

Ella permaneció en silencio. Él continuó hablando.

— No les queda mucha vida, pero puede acortarse aún más. Y no sólo eso. Usted deberá verlos morir. Como ese delincuente que encontró hace ya 17 años.

— ¿Así que lo sabe? Yo prefiero no pensar en eso. Fue hace mucho tiempo.

— No pudo hacer nada para salvarlo . Ahora tiene la opción. Le sugiero que se apure, o podría ser tarde cuando hable.

— ¡Soy atea! ¿Eso quería oír? Sí, soy atea. Los libros no son míos, pero ciertamente los he leído todos . Me gusta la historia antigua. Eligieron bien lo que tenían plantar. Eso sí, les faltó Marx.

—Es una acusación grave ¿tiene pruebas?

— Claro que no. Sólo tengo mi palabra. Pero sé que esos libros no estaban allí cuando salí de mi apartamento.

— Como científica debería saber que la palabra no vale nada.

— Con ese criterio ¿Desechará los testimonios en mi contra?

—Claro que no. Son esenciales.

Nadia se rió sin poder evitarlo. La situación era demasiado absurda.

— Dicen que habló pestes de la religión.

— Sólo dije que ha hecho más daño que bien. Víctor estuvo de acuerdo. Pero por lo visto me oyeron, y la envidia es mala consejera.

— No ha ido a las ceremonias cristianas en años.

— No me interesan.

— Algunas compañeras dicen que usted las miraba de modo deshonesto.

— ¿De veras? Que curioso— comentó ella, con una sonrisa maliciosa.

—Su soberbia es increíble. Pero es demasiado sentimental ¿realmente su vida vale la de esos inútiles?

— Usted sabía que hablaría ¿por qué está molesto?

— Demasiado fácil. Quería usar las “medidas especiales”. Tal vez lo haga.

— ¿Lo hicieron con aquél hombre?

— Oh, sí, era muy obstinado. Hasta trató de escapar. Lo dejamos porque igual iba a morir.

Nadia palideció, y Francisco salió riéndose a carcajadas de aquél lugar.

La sonrisa de Francisco era indisimulable, cuando se le preguntó a la acusada como se declaraba.

La doctora Kovaleski se puso de pie, y mirando desafiante al público, pronunció con voz clara y firme la palabra tan esperada:

— Culpable.

El público comenzó a gritar :

— ¡Qué se muera la perra!

La viuda de Víctor sonreía y gritaba más fuerte que nadie. No le importaba que las revelaciones de los testigos pudieran dejar en mala posición a su difunto marido. Sólo quería verla morir.

El juez ordenó silencio varias veces, y amenazó con desalojar la sala. Con esto último consiguió que la gente se calmara.

Lo demás fue mera formalidad. Desfilaron testigos, y finalmente el jurado se retiró a deliberar.

El veredicto ya era conocido por todos.

Cuando volvieron, el clima de festejo era evidente. El juez volvió a pedir silencio, sin éxito.

Finalmente, leyó el veredicto del jurado.

— Culpable.

Después le tocó a él enunciar la pena correspondiente: la máxima. Pena de muerte, era el único castigo justo, para tamaña impiedad , inmoralidad y soberbia, dijo el juez.

Allí el público estalló en aplausos, y Francisco se abrazó con Clemente, mientras la viuda de Víctor derramaba unas lagrimitas de emoción.

Luego vino la espera en el corredor de la muerte. Pero, cuando todos pensaban que la historia de Nadia llegaba a su fin, Donald Kormann decidió indultarla para ponerla a cargo de la embajada en la Confederación.

Francisco maldijo en silencio. Lo mismo hizo Clemente XVI. La lealtad y la obediencia de la Ciudad al plan divino, se volvían cada vez más dudosas.

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9 comentarios

  1. Nadia es una guerrera de LUZ!!!
    Aguante Nadia!!!

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  2. Pasado un tiempo prudencial (y eterno para mi impaciencia) pregunto: ¿sabremos – en el corto plazo – algo más de Nadia?
    Vero (la ansiosa)

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    • En verdad Nadia es una de las protagonistas de la historia “El engaño y la Traición”. Esta historia vendría a ser su precuela.

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      • Ahhh! Mire Ud. Ahora procederé a utilizar esos links tan útiles que aparecen bajo el título “Relacionado” donde (no por casualidad) leo: “El engaño y la traición”. 🙂
        {[(Hace una semana que vengo batallando para incluir en mi blogcito esto de las entradas relacionadas sin éxito. Puf.)]}

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  3. El primero de la historia es éste : https://cuentosdeunmundodescosido.wordpress.com/2012/03/18/el-engano-y-la-traicion-despues-del-funeral/
    En el segundo aparece Nadia:https://cuentosdeunmundodescosido.wordpress.com/2012/03/20/el-engano-y-la-traicionla-nueva-embajadora/
    Suerte con su blogcito. Le diría como lo hice pero me vino configurado así.

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  4. ¡Muchas gracias! El estilo Rayuela me resulta seductor. Pero a veces me encapricho con algún personaje y quiero/necesito más de él (o ella). (Nota mental: tratar mis ansiedades recientemente descubiertas en terapia)
    Las investigaciones técnicas para mi blogcito me tienen entretenida. Estoy lee que te lee. En cuanto pierda la paciencia (eso pasará de un momento a otro) buscaré un tutorial en youtube.

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    • De nada. De todos modos voy a republicar esa historia durante diciembre con insignificantes modificaciones y un poco más en orden.
      Por ahora estoy terminando una historia de Ariel , el antecesor de Irene (no Elizabet como erróneamente figura, un pequeño error).
      Así que temporalmente estará borrada.

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  5. – Chantel, Love that you were inspired to start an art journal! Using an atlas is a great idea! I love maps! I especially like how you layered you first design background. Looking forward to seeing more pages! Please stop by and visit me.October 25, 2012 – 7:04 am[]Chantel Repcy:Oltober 31st, 2012 at 7:01 pmThanks Suzy, I’m really enjoying using the atlas, I think it adds something really to my pages.[]

    Me gusta

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