Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

Ulises: desenlace

Pasaron varios minutos durante los cuales Ulises miró fijamente la pantalla apagada del videoteléfono. Solo reaccionó al oír la voz de uno de sus hombres:

Hay dos periodistas de la Confederación que insisten hablar con usted. Ayer echamos a uno de ellos pero ahora vinieron dos…

Ulises salió de su ensimismamiento para comentar con aire festivo:

Y yo que creía que no les interesaba venir hasta aquí. Dime, ¿uno de ellos se llama Pedro Brunner, verdad?

Michael se rascó la cabeza, pensativo.

Sí, y viene con una señorita muy malhumorada, creo que se llama María Laura Rodríguez.

Supongo que sería descortés dejar pasar solo a Pedro. Diles que pasen. Puedo concederles unos minutos.

¿No sería imprudente dejarlos entrar?

¿Acaso vienen armados? Si no es así, no veo que problema puede haber…

¿Dónde quiere que los ubiquemos?

Los recibiré aquí mismo.

Michael asintió y se retiró en silencio. Unos minutos después regresó acompañado de los periodistas. Ulises los invitó a pasar amablemente. Michael seguía mirándolos con desconfianza pero no dijo nada.

Debí sospechar que vendrías — comentó Ulises mientras Pedro y María Laura se sentaban frente a él y encendían sus grabadores.

No podía perderme una noticia así — respondió Pedro. María Laura se apresuró a iniciar la entrevista preguntando:

¿Entiende qué está cometiendo un delito? Y no un delito menor, uno muy grave…

La mirada irónica de Ulises fue muy evidente, pero no detuvo a la joven que siguió preguntando:

¿Por qué no libera a la señora? No se puede negociar bajo extorsión..

¿Usted estaría aquí si no hubiese hecho lo que que hice?

María Laura balbuceó que eso no justificaba sus acciones pero no supo como continuar. Pedro aprovechó el momento de silencio para intervenir.

Lo que me sorprende es que alguien haya logrado traspasar la seguridad de la mansión de Grace Teller con solo la ayuda de un puñado de hombres.

Ulises sonrió, orgulloso.

Olvida que el diseño del sistema de seguridad estuvo a cargo de gente de la isla, que luego fue despedida sin miramientos. Y parte de los que aún trabajan para ella tiene familiares entre la gente de la isla. Lástima que tuvimos que matar a los más leales: la lealtad es una gran virtud, pero a veces trae problemas.

Has cambiado — comentó tristemente Pedro — antes no tomabas tan a la ligera el tener que matar gente.

Es difícil valorar la vida ajena cuando la propia vale tan poco — señaló Ulises, para luego agregar en tono confidencial —: le di a entender a la “señora” que entramos a sangre y fuego en su mansión. Sonaba más heroico.

¿Qué puede tener de heroico secuestrar a una señora indefensa que vive confinada a una silla de ruedas?— Intervino María Laura, muy indignada.

Considerando las consecuencias que deberé afrontar, yo diría que el detalle de invalidez de Grace Teller no agrega nada a la cuestión. Su poder económico y político no dependen de su movilidad personal— Respondió Ulises, sin mirarla.

¿Esperaba convencerla de que les devolviera parte de las tierras voluntariamente? — Preguntó a su vez Pedro sin dejar de repasar sus notas.

Claro que no. Mi objetivo era usarla como carta de negociación. Pensé que unos políticos serían más flexibles que una empresaria acostumbrada a ser obedecida sin objeciones.

Flexible no parece un adjetivo adecuado para describir a Robert Ball o a Milton Riker rió Pedro.

Aún ellos son más conciliadores que Grace Teller.

Y la Secretaria General de la Confederación ¿Qué papel cumple?

¿Se refiere al esposa de Manuel?

Me refiero a la doctora Eva Russo, sí.

Ulises lanzó una carcajada. Había una rigidez anormal en su postura que alarmó a los periodistas, pero no se atrevieron a decir nada.

No entiendo porqué tanta formalidad para referirse a una mujer. Es bonita ya lo creo que lo es pero solo está en el cargo por su marido. Pero no nos desviemos del tema. Su papel es limar asperezas, supongo.

María Laura rió sardónicamente. Ulises la miró con desprecio y siguió hablando:

Ella ha conseguido que Robert Ball acepte una negociación…, aunque nada de eso hubiese sucedido si no estuviera la cadena News presionándolo.

¿Se ha preguntado por qué la Confederación ha intervenido en un asunto local de la Nación?— Preguntó María Laura.

Ulises pensó detenidamente antes de contestar:

Manuel debe estar pensando en sacar rédito político de esto. De otro modo no hubiera enviado a su mujer. Pero eso no me importa: si él me usa, yo también lo usaré. Pero lo haré en beneficio de mi pueblo…

¿Por qué supone que sus acciones únicamente se deben a la búsqueda de un rédito político inmediato?

Porque así es Manuel. Siempre ha sido así. No entiendo como alguien tan inteligente como usted lo idealiza tanto. Manuel usa las personas y las causas para quedar como el bueno, pero en el fondo no cree en nada de lo que finge defender…

No me considero dueño de un poder de clarividencia tal. Ignoro cuales son las verdaderas intenciones de Manuel tanto como ignoro cuales son tus verdaderas intenciones…, así que me limito a juzgarlos por sus acciones.

Ulises pareció meditar esta respuesta. María Laura Rodríguez intervino para agregar:

Y sus acciones son las propias de un tirano que avasalla la libertad de todos.

Sus acciones han sido contradictorias, pero en conjunto siempre dio prioridad a su pueblo, a pesar de lo que digan quiénes se han vendido en cuerpo y alma a una empresa — Replicó Pedro mirando significativamente a María Laura.

No los entiendo del todo, parece que hablaran de dos personas muy diferentes— murmuró Ulises, poniéndose de pie. Esta vez la rigidez de sus movimientos fue muy notoria.

¿Desde cuándo tienes esos síntomas?

Más de lo que quisiera reconocer — respondió Ulises — Será mejor que se vayan.

Antes dígame si su enfermedad tuvo algo que ver en la decisión que tomó.

Usted lo dijo . No es fácil conocer las motivaciones de las personas…, no espere tener la respuesta en mi caso.

Michael los empujó hacia la salida. Los periodistas no tuvieran más remedio que obedecer.

En su despacho, con aire de fastidio creciente, Robert Ball observaba a la joven y vacilante Margaret Sorkin.

Aún no entiendo porqué me ha llamado, señor presidente.

Usted es la secretaria de Vivienda y Desarrollo Urbano. Espero que me diga como resolver el problema desde el punto de vista habitacional.

La señora Teller no incumple ninguna normativa actual…, si ella no quiere tenerlos en la isla no hay nada que hacer.

¿En qué estaría pensando cuando la nombré en el cargo?— murmuró él por lo bajo, para luego agregar en voz alta— : necesito que envíe a sus funcionarios a la isla y que hagan un censo, para saber cuántos son y sus posibilidades de pagar una vivienda, al igual que las situaciones de emergencia sanitaria.

Eso último corresponde a la jurisdicción del Departamento de Salud.

Pues llame a la secretaria de Salud y pídale ayuda,¡ maldita sea!…, ¿Cree que quiero seguir teniendo visitas del Director General de la News recordándome que aún no he conseguido la liberación de la señora? Casi deseo que Ulises la mate.

La sorpresa de la joven fue mayúscula.

¿Realmente va ceder a las presiones de la esposa de un dictador y a las demandas de un terrorista?

Debería ver menos televisión, señorita. Por lo pronto, necesito que elabore un plan de emergencia que contemple la expropiación— con indemnización— de la mitad de la isla para reubicar a sus habitantes, dando prioridad a quiénes requieran atención médica urgente.

Eso daría un mal ejemplo a la gente.

Daré instrucciones a Milton para evitar que esto se repita. Pero debo resolver el problema antes.

¿Cómo lo pagará?

Lo pagaremos a medias: El estado de la Confederación aportará la mitad y nosotros adelantaremos la otra mitad con fondos del Tesoro. Luego se lo cobraremos a los favorecidos en pequeñas e interminables cuotas. Estarán endeudados por generaciones, pero felices.

¿Acordó eso con Eva Russo?

No…, se lo diré la próxima vez que nos reunamos. Así sabrá que jugar al buen samaritano no sale gratis. En cuanto a Ulises, de seguro la charla con Milton Riker fue un fracaso. Debe estar desanimado…, y más dispuesto a ceder posiciones…

¿Y entonces?

No se preocupe por eso. Cumpla mis órdenes. Le diré a mi secretario personal que lo llame y le relate muy brevemente lo mismo que le dije a usted.

Ulises recibió la nueva llamada con aire displicente. Se limitó a asentir. Cuando cortó la comunicación se sentía muy cansado. Sin pensarlo mucho se dirigió a la habitación dónde se encontraba Grace Teller.

La señora Teller dormitaba en su silla. Ya no soportaba más aquellas interminables jornadas de monotonía constante. Era cuidada con indiferencia propia de enfermeros. Hasta la cambiaban metódicamente de postura cada tanto para evitar las úlceras y le ponían talco en las zonas de mayor roce acrecentando su humillación. Se sorprendió pensando que aquellas maniobras cotidianas no le parecían tan agraviantes cuando complementaban una jornada laboral intensa, pero sí ahora, que se hallaba sumergida en el tedio de una forzada inactividad. Por otra parte, nadie le decía nada del exterior… le era imposible saber que estaría sucediendo con sus negocios. Por supuesto que el Director General de la News era muy eficiente…, lo mismo ocurría con los presidentes, gerentes y demás ejecutivos de alto rango de sus empresas. Pero no saber nada de nada era algo insoportable para ella…

Tal vez por eso, al ver a Ulises tan deprimido no pudo evitar aprovechar ese pequeño resquicio para la burla cruel.

Parece que la bruja pelirroja y su ridículo marido enviaron a un emisario suyo para sonsacarte.

La respuesta fue inesperadamente alegre:

¿Se refiere a Pedro? Es un buen periodista y un buen tipo. Un poco idealista tal vez. Pero no trabaja del modo que usted supone

El joven se sentó frente a ella con notoria dificultad. Grace volvió a preguntarse qué le estaría sucediendo, pero no lo dijo en voz alta. En vez de ello, señaló:

No sabe que clase de persona es realmente.

¿Y usted sí? Le advierto que yo no presto atención a chusmeríos de viejas… 

Debería hacerlo. Las viejas conocen a la gente. No tienen más remedio. Aunque me gustaría saber que lo ha motivado a hacer todo esto. 

Se lo diré si usted me dice porqué compró la isla sabiendo que había muchas personas viviendo allí ,que no tendían adónde ir. 

Me gusta la isla y tenía el dinero necesario para comprarla. Eso es todo. 

Usted nació aquí ¿No es verdad? ¿Acaso quiso venir a morir en su tierra?¿Sonaría conmovedor, verdad? Pero yo planeo vivir muchos años. Es cierto que nací aquí, hace ya mucho tiempo. Sin embargo no me crié aquí…, y no soy sentimental.

Ulises sonrió con tristeza al oír estas palabras. 

Yo sí lo soy. Fui a la Universidad creyendo que volvería con el título y cambiaría algunas cosas en la isla. Que podría convertirla en un lugar dónde valiera la pena vivir. Pero nada resultó como lo esperaba. 

¿Creyó que convirtiéndose en secuestrador mejoraría las cosas? 

No exactamente — murmuró él —, pero es que ya es demasiado tarde…, no tengo tiempo…

Luego de unos minutos de silencio, Ulises volvió a retirarse. Esta vez fue a dormir. No llevaba más de una hora durmiendo cuando Jake lo despertó: 

La esposa de Manuel te llama. 

Dile que la atenderé enseguida—. Dijo Ulises poniéndose de pie con gran dificultad. Se dirigió a la sala de control y encendió el videoteléfono. La conferencia fue larga pero terminó razonablemente bien.

La escena era repetida, pero la incomodidad no era menor. Eva Russo leía detenidamente la propuesta que se le había realizado a Ulises, mientras Robert Ball sonreía con aire malicioso. Finalmente la mujer levantó la vista y mirando fijamente a su interlocutor le dijo: 

No pienso pagar por sus desaguisados. Y mucho menos, viendo que espera que mi país cargue con la mitad de los costos, mientras que el suyo se resarcirá con creces… 

¡Ah, ya veo ! La caridad se desvanece cuando no es gratis ¿Verdad, señora?¿Ya no le conmueven los pobres, pobres niños de la isla?— respondió Robert Ball con fingida congoja. 

Oh, vamos ¿No va a decirme que no tiene dinero para pagar la expropiación? — contraatacó Eva con aire sarcástico — Porque si es así, el Banco del Sur podría hacerle un préstamo. 

Sabe bien que mi gobierno afronta gastos sumamente importantes, como la construcción de la Ciudad. No pienso desviar fondos para dar cobijo a vagos. 

Pues entonces me temo que la señora Teller hará bien en acostumbrarse a tener compañía. 

No bromee: la isla entera le pertenece. Eso no es negociable. Solo se permiten visitas turísticas. 

Ya había gente viviendo en la isla cuando Grace Teller compró parte de la isla. Al menos debería ceder la parte que fue ocupando mientras su gobierno hacía la vista gorda. 

Dado que se niega a contribuir, lo único que acepto es pagarles el pasaje a Europa. Dispondré una partida presupuestaria para ello. 

Para los varones adultos y para algunas mujeres jóvenes, eso puede ser una opción. Para las que tienen hijos o ancianos a su cargo a su cargo, es impracticable. 

No puedo hacer nada más. 

Es usted un irresponsable. 

No, señora. Ese es mi parlamento. Usted nunca debió meterse en nuestros asuntos.

Inesperadamente, Eva Russo sonrió. 

De hecho, hace unos minutos estuve hablando con su secretario de Ciencia y Tecnología. Y antes de eso, había hablado con Ulises y llegamos a un nuevo acuerdo. 

¿Tiene una contrapropuesta? 

Leála usted mismo — dijo ella mientras le tendía un mini-DVD. Él lo tomó y revisó su contenido en una laptop. Después de echarle un rápido vistazo a la primera página, observó a Eva con desconfianza: 

¿Y para qué necesitaba hablar con Richard Bradbury? 

Sólo le pedí un par de consejos, y le sugerí la contratación de un par de científicos bastante talentosos… 

Touché. Ya me imagino lo demás. Richard se vive quejando de la falta de personal idóneo. Si no acuerdo con usted, su esposo se apresurará a darles una beca o contratarlos para investigar que nuevo nombre debe recibir el avión presidencial, ahora que casi nadie baila esa música.

Mordiéndose los labios para no reír, Eva respondió: 

Le aseguro que Samba es un acrónimo… 

No me interesa. Volvamos al tema que nos ocupa: afrontaremos el costo de la expropiación con ayuda de un préstamo del Banco del Sur y ustedes se encargarán de la mitad del costo de la urbanización de la isla. La otra mitad la adelantaremos nosotros hasta que logremos que la señora acepte cubrir ese costo. 

Enviaremos gente del ITIS para que ayude a la gente de la isla —. Comentó Eva.Tampoco me interesa. Firme estos papeles, por favor— dijo él tendiéndole una pila de papeles. Ella los leyó detenidamente. 

No encontrará detalles en esos papeles: lo que figura en ellos es el compromiso preliminar de nuestro gobierno de asegurar la expropiación de la mitad de la isla y su entrega a los habitantes de la misma, y el suyo de brindar apoyo financiero por los medios que le resulten convenientes, a los habitantes para la construcción de viviendas, etc… Los demás detalles los ajustaremos después. 

¿Qué hay con Ulises? — dijo Eva mientras firmaba— Él debería participar en la firma del acuerdo. 

A Ulises le enviaremos algo similar pero referido a la liberación de la señora. Pero hablemos del verdadero problema ¿Qué hacemos con él y su banda, una vez que liberen a la señora? 

Deben tener un juicio justo. Es todo lo que pido. 

Son criminales. 

Los criminales también tienen derechos. 

El presidente rió a carcajadas. Eva esperó con paciencia a que se calmase. Finalmente, ya más tranquilo, explicó: 

— De acuerdo a la legislación vigente en nuestro país los terroristas no tienen derechos. Puedo ser benévolo en este caso y acusarlos de secuestro extorsivo y usurpación de propiedad privada. Les corresponderá la pena capital, pero pasaran varios años en el Corredor. Si recibieran trato de terroristas no habría juicio previo, ni derecho a defensa y pueden incluso ser trasladados a una cárcel militar. 

— No pienso plantearle semejante dilema…, es un absurdo. 

— Él ya dijo que no le importaba su suerte. Tácitamente aceptó su castigo. Así que deje de fastidiar: yo me comunicaré personalmente con él para explicarle que aceptamos todos los puntos que ustedes acordaron, pero que el precio es su entrega incondicional para ser juzgado por los cargos pertinentes. 

Y así fue: unos minutos más tarde Ulises recibió sorprendido la noticia de que el presidente quería hablar con él. Grace Teller pudo ver como el entusiasmo inicial del joven era sustituído por un aire de resignación y apatía a medida que escuchaba lo que Robert Ball tenía para decirle.

Mayor aún fue la sorpresa de la señora Teller al ver como Ulises redactaba, leía en voz alta, firmaba y enviaba por fax una especie de rendición incondicional. No había querido aceptar la redacción original de Robert Ball, pero el contenido era prácticamente el mismo. 

— Ahora puede ordenar a los mastines que rodean la isla que vengan a detenerme. No opondremos resistencia. Incluso daré órdenes a los pobladores para que se alejen a varios kilómetros de la mansión…, no quiero malentendidos. 

— Es lo más sensato — dijo Robert Ball — Por cierto, la esposa de Manuel aún está aquí ¿quieres hablar con ella? 

Ulises sonrió con algo de melancolía pero negó con la cabeza. Robert Ball se encogió de hombros y cortó la comunicación. 

¿Sabes que una vez qué estés preso me encargaré personalmente de revertir esta medida; verdad? — Comentó Grace Teller sin disimular su alegría. Un brillo malicioso iluminaba sus ojos.

Ulises la miró con desprecio y salió de la habitación sin decir nada. Esta vez no dejó a nadie cuidándola. 

En el aeropuerto de la isla, Pedro y María Laura se enteraron del acuerdo alcanzado. La joven periodista casi saltó de alegría al conocer la noticia. 

No pensaba que te entusiasmara un escenario sin sangre — comentó Pedro Brunner. 

Eso es una molestia, pero al menos podré volver a la Confederación. Una entrevista más al primer oficial que encuentre, para que me dé su opinión y luego tomo un avión para allá — respondió María Laura, y agregó—. Supongo que tú estás decepcionado por no poder seguir entrevistando harapientos. No entiendo porque debemos pagar entre todos tu sueldo… 

Lo mismo digo de ti . Cada vez que tomamos una gaseosa de la marca que te patrocina te estamos pagando el sueldo. En cuanto a lo otro:¿Bromeas? No veo la hora de volver a casa. Extraño a mi familia. Y no estoy seguro de que hayan regado las plantas en mi ausencia. 

¿Cuándo hablas de familia, te refieres al hecho de que tú y Eduardo García juegan a la casita con una pobre niña que podría salir traumatizada por haber sido criada sin papá y mamá?— Señaló la periodista con aire acusador. 

Gracias por ser como eres— ironizó Pedro — Y ahora si me disculpas debo hablar con mi traumatizada hija y mi malvado esposo. Tal vez quieras alejarte para no tener que oír nuestras tétricas conversaciones…Ella se alejó con gesto de reprobación en su rostro, mientras él hablaba alegremente por teléfono.

Las noticias del acuerdo llegaron también a la Confederación. La reacción ante el mismo fue en general de aprobación. La excepción fue Martín Castro que se esforzó por afirmar simultáneamente y con la misma convicción que:

a-) El acuerdo se había producido sin la participación real de Eva Russo, por obra y gracia de la madurez política de Robert Ball y de los buenos oficios de Ronald Cox.

b-)El acuerdo era absurdo, ridículo e imposible de cumplir, producto de la delirante intervención de la chiflada esposa de Manuel Ramírez.

En la mansión de Grace Teller el ambiente era sombrío. Los soldados de la Nación rodeaban el perímetro y Ulises estaba sentado frente a Grace Teller en silencio mirando sin ver. Pronto estarían allí, vendrían a detenerlo para llevarlo a una condena segura. La única que rebozaba alegría era la señora Teller. 

Me sorprende que no te hayas despedido de tu damisela. 

Eva no es mi damisela. Ni siquiera la conozco personalmente. 

Pero te usó aprovechándose de tu credulidad. 

Tal vez. Es lo que lo que los políticos hacen. Sobre todo Manuel. Pero lo único que importa es que mi gente tendrá un lugar dónde vivir. 

Ya me encargaré de evitarlo. Eso, si es que Manuel y Eva no te traicionan…, y se niegan a cumplir su parte. 

Realmente los odias mucho ¿Verdad? — dijo Ulises mirando con algo de curiosidad el rostro de su interlocutora. 

¿Y tú no los odias? No has dejado de decir lo mucho que desconfías de ellos.

Ulises suspiró. Parecía muy cansado y muy triste… 

Manuel representa algo que no comprendo, pero no puedo odiarlo…, nunca pude. Aunque quizá debería. 

La pregunta se refería a los dos ¿Por qué respondes solo sobre él?

Ulises se encogió de hombros. Lo hizo con dificultad…, como si le costara moverse. 

Eva es una mujer de la que resulta muy difícil evitar enamorarse. Pero casi no la conozco. Tal vez sea mejor así.

Ya los gritos y los pasos se oían muy cercanos. Poco después la puerta crujió ante los golpes. Una voz desde el exterior le ordenaba dejar de lado cualquier arma y tirarse al piso con las manos dónde pudieran verse.

La tranquilidad de Grace Teller se alteró al ver la curiosa pasividad de Ulises. Ni siquiera se había movido de la silla. 

Me alegra que los síntomas hayan aparecido gradualmente — murmuró Ulises. 

¿Qué le sucede? — preguntó Grace repentinamente asustada.

Lentamente, como en un sueño, vio como el detonador se deslizaba entre los dedos de Ulises y caía al suelo justo en el momento exacto en que los soldados ingresaban a la habitación.

La explosión se sintió a kilómetros de distancia.

Eva regresó rápidamente a la Capital de la Confederación, donde la esperaba su esposo :

— Has hecho un gran trabajo, querida. Estoy orgulloso de ti — le dijo al recibirla en el aeropuerto.

—No pude salvarlo…

— Nadie podía, pero salvaste a su gente. Él valoraría eso.  

Manuel la abrazó y le dijo:

 — Trataran de culparte de su muerte y pedirán que yo cuestione lo que has hecho. No se los permitiremos: saldremos juntos a hablar…frente a todos.

Ella asintió:

 — Juntos, como siempre lo hemos hecho…

En la Nación,Oscar Sagan llegó triste a su despacho y se sorprendió al encontrar allí a Bradbury con una botella abierta y dos copas…

 — No hay nada que festejar, le reprochó.

 — ¿Porque murió gente? Eres muy idealista Sagan: siéntate y bebe conmigo. Todo ha salido bien: nos libramos de esa vieja  bruja de Teller, completamos nuestro equipo de trabajo, y hasta hicimos una obra de caridad con esa gente que ahora tendrá un hogar¡Querido amigo, la Ciudad no podría nacer bajo mejores augurios, y yo brindo por ello!

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