Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

Un nacimiento en el Norte…

La joven sacerdotisa estaba agotada. El parto había sido difícil. Pero sonrió cuando le presentaron a su hijo. 

-Es un niño,Amanda- murmuró la comadrona-Has cumplido con tu deber. 

Amanda suspiró :

-Es hermoso. Ojalá pudiera quedármelo…

-Conoces las reglas. Estarás a cargo de él hasta que el plazo de siete años se cumpla. Después,su padre vendrá a buscarlo,y ya no lo verás nunca más.

-Lo sé. Todas lo sabemos. Y aún así duele. 

-Tal vez la próxima vez sea una niña- la animó la comadrona- Cómo tu primer hijo fue varón,tener una niña no te perjudicará.

-Supongo que tienes razón ¿Puedo ponerle nombre?

-Uno provisional, sí. Será bautizado correctamente cuando su padre lo reclame.  

Amanda asintió. Miró al niño,y susurró:

-Te llamaré Leonard …

El niño bostezó,y Amanda volvió a sonreír…

Ojos violeta

La niña abrió los ojos. Era un gesto simple,casi intrascendente, ya que aún no tenía la vista correctamente desarrollada, pero fue decisivo.

Eran violeta. Un color muy poco común entre los lilim,y con un profundo significado. Elisabet vio sus ojos y sonrió.

Al fin habían hallado la herramienta que tanto necesitaban. No dijo nada ,sin embargo . Fingió normalidad,y asintió brevemente,mientras entregaba a la lilim a un anciano que estaba esperando. 

-¿Ya tiene nombre?- preguntó con curiosidad. Por lo que sabía,los lilim ancianos se hacían cargo de esa tarea,al igual que del cuidado de los lilim recién nacidos. 

– Aún no he pensado uno- indicó el anciano, observándola con curiosidad. 

– Me gustaría que la llames Aurora…

El lilim parpadeó, confundido, pero luego asintió. 

– Aurora es un nombre adecuado. Serás una gran lilim,Aurora – murmuró el anciano, y la niña,ajena a todo lo que comenzaba a planearse a su alrededor, sonrió . 

Una pesadilla

La voz de la mujer era apenas un susurro,pero William la oyó con total claridad.

– Yo era una estrella y quisiste bajarme del cielo. Quisiste borrar mi luz…

-Estás muerta- sentenció el rey- Yo te vi morir .

Una carcajada resonó en la oscuridad. 

– Es sólo un sueño- se repitió William – ni siquiera ella puede volver de la muerte. 

– Ni siquiera pronuncias mi nombre… Patético.

-Tu estás muerta,y pronto nadie recordará que alguna vez estuviste viva.Yo te he vencido.

La risa se repitió. 

– No. Tú sólo me mataste. Pero al hacerlo has sellado el destino de muchos. Lo que era luz en mí ,será oscuridad en ella. No traerá vida como yo,pero sí mucha muerte…

– ¿De qué hablas? 

– Hablo de la lilim que borrará tu dinastía y tu trono. La lilim cuyo poder superará lo que nadie ha visto nunca.

– Nunca permitiré que alguien así nazca o sobreviva para ser una amenaza.

– No será tu decisión- rió la mujer. 

William despertó, sobresaltado y bañado en sudor. Había sido una pesadilla. Lilith y sus hijas estaban muertas. Ya nunca más serían una amenaza para él… ¿Verdad? 

Él era un rey,y no un niño asustado. No debía temerle a un simple sueño. Aunque tal vez no vendría mal tomar precauciones…

Lilith: una sentencia de muerte 

-Ella debe morir – tal fue la sentencia, simple y escueta que decidió su destino. Cuatro conjurados ,nada menos que los cuatro reyes de cada región de Pangea…

El rey del Norte,William, sonrió . Le había costado convencer a sus iguales. Después de todo, sus relaciones con el reino Ecuatorial eran pacíficas, y eso le permitía ser el primer proveedor de lilim del planeta Gaia . 

Los lilim eran seres muy útiles. Su fuerza y su inteligencia pero, sobre todo, sus habilidades mágicas ,eran codiciadas por todos los reyes. 

Bueno,todos menos el rey del Este,Hirohito, que tenía a su servicio a los misteriosos tzadikim nistarim,una guardia de guerreros impasibles y crueles,capaces de anular el poder mágico de casi cualquier lilim. Él no aceptaba lilim en su reino,ni siquiera como visitantes. 

William se encogió de hombros . Lo que el rey del Este hiciera en sus dominios no era asunto suyo. Miró a los otros dos reyes: la reina del Oeste, Victoria, una mujer que guardaba un gran rencor hacia Lilith;según ella por el carácter licencioso de la soberana que tenía hijos de varias parejas,y no dudaba en exhibirse en compañía de sus amantes,tanto masculinos, como femeninos. Según cualquiera que la conociera, por celos y envidia ,como tantos otros puritanos antes que ella. Nada que conmoviera mucho a William,pero útil a sus propósitos. 

Y el rey del Sur,Fernando,un hombre débil y sin voluntad, muy fácil de manipular para sus objetivos. No era que un rey del Sur tuviera muchas opciones. Hacía tiempo que eran una semi colonia del Norte, atados por deudas y  acuerdos de negocios varios. 

Así que la suerte de Lilith estaba sellada. Nunca debió haber desafiado su poder. Nunca debió pretender hablar de igual a igual a un rey del norte. 

Pagaría con su vida,y la vida de sus hijos.Su reino sería repartido entre los vencedores. Y su nombre mismo sería borrado de los libros de historia…

Máscaras y espejos 

Allí estaba…Después de tanto tiempo,después de tanta búsqueda infructuosa,Iris lo había hallado. Había hallado su rostro. No era que le agradase tanto,ni mucho menos,pero era el suyo. 

Arrojó su máscara al piso,con furia,y se colocó su rostro auténtico en su lugar. 

Se miró al espejo. Se veía extraña.Y se sentía agotada. Tantas máscaras ,y tantos años le habían pasado factura. Sin embargo,había alivio en sus ojos. Sólo en sus ojos. 

Al parecer aún tendría que pasar tiempo hasta que lograra comunicar sus emociones íntegramente a su viejo- y nuevo- rostro. Aunque era un comienzo. 

Salió a la calle,y caminó entre la multitudad,sin ser reconocida por nadie. Sería un largo día…

Edén …

Era oficial. No tenían más dinero. Y era su última noche de unas merecidas vacaciones veraniegas, ninguno quería pasarla durmiendo en la estrecha habitación que compartían, tirados en el suelo aprovechando lo mejor posible el espacio…

Pero la realidad era implacable. No había más dinero. Podrían regresar porque tenían los pasajes listos,pero no tenían ni lo necesario para una cerveza…

Algunos se resignaron, y estaban tratando de dormir ,a pesar de lo temprano que era. Pero ellos tres salieron a caminar…

Cualquier lugar era mejor que esa habitación atestada y de higiene dudosa que compartían.

Pronto llegaron a la plaza principal. Estaba repleto de gente,y no había duda de que las actividades nocturnas ya habían comenzado paulatinamente a desarrollarse. No estaban en su apogeo,para eso faltaban horas,pero habían iniciado. 

Manuel se dejó caer en un banco de plaza. Mauricio lo miró, algo molesto,pero lo imitó.  Jonathan hizo un además de seguir solo,pero después decidió preguntar:

-No van a pasar toda la noche allí, ¿verdad?

– ¿Por qué no? No tenemos dinero,¿recuerdas? No nos dejarán entrar…

-Lo sé- dijo Jonathan rascándose la cabeza- si fuéramos chicas ,podríamos entrar gratis…

La respuesta de sus amigos fue una risa de desdén. 

Pero en ese momento se les acercó un extraño personaje disfrazado con una cabeza de caballo, que al parecer repartía volantes de algún sitio. 

-Creo que yo puedo ayudarlos- comento con voz risueña,aunque claro ,eso era una conjetura,puesto que la máscara cubría su rostro.

-No creo que necesitemos la ayuda de un rarito vestido de caballo- comentó Mauricio .

-Un rarito que tiene entradas gratis, y puede ofrecérselas . Es un boliche nuevo, estamos promoviéndolo- señaló el personaje, sin reaccionar ante las risas de los muchachos. 

De pronto tenía toda la atención de los tres jóvenes. 

-Esta bien,caballito- murmuró Jonathan. Es una buena oferta. Pero dime,hay chicas,¿verdad? No es uno de esos boliches raros,¿No? 

El personaje contestó fríamente. 

-Claro que hay chicas…

Los jóvenes chocaron las manos alegremente,y luego tomaron las entradas de manos del sujeto,leyeron la dirección, y se dirigieron rápidamente para allá. 

-Edén- murmuró Manuel mirando las luces de Neón de la puerta. 

– Es aquí- confirmó Mauricio. 

Los tres se aproximaron a la puerta donde un hombre musculoso y cejijunto con ropa estilo militar los observaba. Mostraron las entradas ,y el hombre les cedió el paso . 

Una vez adentro una jovencita muy rubia y de aspecto voluptuoso,les dio la bienvenida. Tomó las entradas de sus manos,les colocó una pulseras, y les indicó que tenían derecho a una consumición gratis. Tres pares de ojos recorrieron nada disimuladamente su figura, pero ella los ignoró y se alejó rápidamente, lista para atender a otros recién llegados. 

Los jóvenes decidieron ir a la barra. Allí una mujer madura de curioso pelo verde preparaba los tragos,ayudada por una jovencita de pelo celeste y lila

La primer decepción la sufrieron cuando vieron que los vasos que la chica les había traído,y entregado a cada uno, sólo contenían refresco de naranja. 

– ¿No hay cerveza?- reclamó Jonathan.

-Sólo si la paga- respondió muy sonriente la jovencita. 

Se hizo un silencio. Bueno,no exactamente,porque la música atronaba alrededor de ellos. Pero ninguno de los chicos habló. 

Buscaron una mesa,y se dedicaron a observar mejor el panorama. Ciertamente había chicas. Muchas. Tantas que Mauricio empezó a notar algo extraño. La suya era la única ocupada por hombres.

Y no solo eso. Estaban siendo mirados. Muy mirados. Como si cada movimiento suyo estuviera siendo registrado. Poco después un grupo de chicas se les acercó. No les dieron tiempo a hacer ningún comentario, y Manuel se dio en un repentino e inesperado ramalazo de temor,que los estaban separando. Quiso advertir a sus compañeros pero ni siquiera estaba seguro acerca de qué debería advertirlos,y pronto ya los tuvo a su alcance para hablarles.  

Manuel se había quedado solo,o mejor dicho,no estaba exactamente solo. Porque una mujer estaba en ese momento insinuando del modo más abierto posible, su interés por él. Y a él no le gustaba ella. Ni un poquito. 

En ese momento pasó un camarero,llevando unas bebidas para una mesa cercana. La mirada de Manuel se dirigió suplicante a él, pidiendo ayuda. Pero en vez de ofrecer cualquier atisbo de colaboración, la respuesta fue una mirada insinuante y seductora detrás de sus gruesos anteojos. Y una voz maliciosa que indicaba:

-Estoy en mi turno. Pero salgo en dos horas…si me espera,veré que puedo hacer por usted. Tras decir estas palabras,le guiñó un ojo,y siguió rumbo a la mesa a la que estaban destinadas esas bebidas…

Manuel sintió náuseas, y temor. Por ningún motivo pensaba en buscar al camarero después de su turno. Ya sospechaba que no recibiría ayuda,y sí atención no deseada.  

Ciertamente esa noche nada había salido bien. Bebió de sólo un trago su jugo de naranja. Se sintió mareado. Su último pensamiento fue de terror porque supo que lo habían drogado,y que ya era tarde para evitarlo. 

Mauricio había soltarse de los brazos de una fornida damisela y había salido corriendo. Pensó buscar a sus amigos,pero luego descartó la idea. Había muchas mujeres y era difícil abrirse paso. Además notaba como su trasero era manoseado de manera evidente cada vez que quedaba al alcance de la mano de una de ellas,y la situación que otrora hubiese encontrado atractivo, se estaba tornando molesta. 

En ese momento una jovencita de pelo rosa le hizo señas desde su mesa. Parecía tranquila e inofensiva. Y Mauricio se sentó a su lado. 

-¿Cómo te llamas?- le preguntó de inmediato. 

– Helena- fue la respuesta, sonriente y tímida. Bueno,era un cambio ante tanta actitud agresiva y directa que había presenciado. Tal vez por eso se confió. Tal vez por eso bebió tan tranquilamente del vaso que ella le ofrecía. 

Ella seguía sonriendo cuando los efectos de la droga lo desplomaron. 

Jonathan estaba satisfecho. Esa había una buena noche. Cualquier noche en la que terminas con una chica semidesnuda encima tuyo lo es. Y si una amiga de la chica aparece, dispuesta a unirse a la fiesta, la noche mejora. Así que aceptó la cerveza que ella le entregaba en ese momento, y bebió . De un trago y sin respirar. Cayó en la inconsciencia casi sin darse cuenta…

Horas más tarde y con el boliche vacío, un grupo de personas reía,apoyados contra la barra. 

– Fue divertido- confesó Helena. 

-Siempre lo es – confirmó Eduardo sacándose el disfraz de caballo. 

-Confieso que dolió un poco que me rechazan – comentó José, jugando con sus anteojos- pero por lo demás, valió la pena. 

– ¿No se puede volver un poco peligroso?- murmuró el David,acomodándose su chaqueta de corte militar. 

-Claro que no- indicó con calma Bárbara, mientras alisaba su pelo rubio- la droga que les damos confunde sus recuerdos,los hace imprecisos. Demasiado confusos para denunciar. Lo bastante claros para que sientan aprensión en el futuro. 

– Supongo que es un pequeño desquite- reflexionó la mujer de pelo verde. 

– Y además es tremendamente divertido,Jane- remarcó Rose con una amplia sonrisa.El Edén es el mejor boliche que hay.Y nuestras clientas lo adoran. 

El comentarios recibió la aprobación general de grupo…

En algún basurero cercano, Manuel ,Jonathan y Mauricio estaban teniendo en ese momento un doloroso despertar…

Dulce Meritocracia

Iris miraba con ansiedad el trozo de torta. Era la única niña de la mesa. Esperaba que los adultos terminasen de comer para levantar los platos y lavarlos.
Y era el día de la Madre. Pero Iris no pensaba en eso. Su madre se había ido,y no esperaba su regreso. Sólo pensaba en ese pedazo de torta,con crema y dulce de leche,que en ese momento los adultos miraban con cara de consternación.
Porque era el último trozo,y nadie tenía apetito ya.
– Es muy pequeño para guardarlo – sentenció la matrona de la casa.
Ingrid sintió que sus esperanzas renacían. Su mirada lastimera,y excesivamente fija en el postre en cuestión,no conmovió a nadie.
– Si nadie lo quiere,lo voy a tirar- amenazó la señora,mirando a los demás adultos de la mesa.
Yo lo quiero,pugnaba por decir Iris,pero permaneció en silencio. Sabía sobradamente las consecuencias de hablar sin permiso de sus tutores. En vez de ello, mantuvo su mirada lastimera fija en el trozo de torta.
Finalmente,el esposo de la dueña de casa tomó una decisión. Pidió una cuchara,y rápidamente,dio cuenta del último trozo de bizcochuelo.
Iris bajó la cabeza,resignada,y comenzó a retirar los platos. Quizá no había hecho méritos suficientes para probar aquél postre…

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Verdugos

Siempre he sido profesional. Lo confieso. Hago mi trabajo con total eficiencia y eficacia. No todos pueden decir eso.
Y es que la profesión de verdugo no es para cualquiera. Muchos caen en la estupidez de creer que hay que amedrentar al condenado ,y eso es una absurda pérdida de tiempo.
Me causan risa algunos de mis compañeros que se regodean contando las cicatrices ganadas en ejercicio de la profesión. Sólo un imbécil se vanagloria de haber tenido que amordazar a sus condenados, porque éstos, aún atados de pies y manos,se defendían a mordiscos, y escupían. Recuerdo que aún así, uno le fracturó la nariz al verdugo, de un simple cabezazo.
Sospecho que un examen psicológico más riguroso permitiría eliminar a esos sadomasoquistas encubiertos, pero quizá bajaría excesivamente el número de reclutas. La Empresa debe ser cautelosa con estas medidas.
Por mi parte yo no recibido herida alguna en todos mis años de desempeño. Admito que tengo alguna que otra cicatriz en la espalda y hombros ,pero no ha sido a causa del trabajo. Si hay algo que tengo bien claro es la necesidad de no mezclar negocios con placer.
Volviendo a mi queja anterior,sospecho que el problema principal radica en que se contratan demasiados hombres. Las mujeres son menos dadas al exhibicionismo, y no dudan en drogar a los reclusos para mantenerlas tranquilos. Algo de elemental sentido común,pero que muchos hombres ven con desprecio, casi como signo de cobardía.
Tal vez siguen pesando los viejos prejuicios sociales contra las mujeres, aún en La Empresa. Una lástima.
Y no se crea que digo esto esperando sacar alguna ventaja. En mi tarea diaria apenas si hablo con mis colegas,sean varones o mujeres. Esta no es una profesión para hacer amigos. 
Con quienes sí hablo,es que con los condenados. Y mucho. Les nuestro la máxima cordialidad, les digo una y otra vez que soy su aliado, que soy la única persona que puede salvarlos. Incluso intervengo cuando algunos de mis colegas intentan propasarse innecesariamente con los reclusos. Por eso muchos me odian. Pero mi eficacia es indiscutible.
Y los condenados me creen. Confían ciegamente en mí. Durante el camino, las ancianas me muestran fotos de sus nietos, a los cuales esperan ver pronto. Nunca entenderé como logran pasar por los rigurosos controles de entrada semejantes objetos. Si pusieran el mismo empeño en ocultar granadas de mano,los verdugos estaríamos en un aprieto.
Pero no sólo las ancianas se dejan llevar sin oponer resistencia. Las mujeres jóvenes, y hasta los hombres caminan tranquilamente a mi lado , mientras esperan que los guíe rumbo a su salvación.
Los seres humanos adoran los cuentos de hadas, y lo que es peor, los creen. Piensan realmente que todas las historias deben tener final feliz. Que los buenos les ganan al final a los malos, y que quien dice estar de tu lado, siempre lo está. Yo sonrío y los dejo creer. Cuando llegamos al sitio de la ejecución, los mato con un certero movimiento de mi navaja. Sospecho que no llegan a tener tiempo de decepcionarse ante mi traición cuando la muerte los alcanza.
Por algo soy el mejor verdugo de todos. Pero no me hago ilusiones. Tarde o temprano me llegará el “ascenso”, que no es precisamente el paso a una tarea menos sangrienta, como piensan ingenuamente algunos de mis colegas, sino mi propia ejecución. A cargo de algún verdugo, claro está.
Yo mismo he tomado parte en una de ellas. Y sorprendentemente, los propios verdugos son tan crédulos como los reclusos. No pueden, o no quieren creer que para La Empresa,todos somos descartables .
Pero por ahora,sigo adelante y cumplo con mi tarea diaria. Al fin de cuentas, alguien debe hacerlo,y yo soy,sin ninguna falsa modestia, el mejor en lo mío…

¿Regreso?

Victoria regresa …Después de una larga y dura batalla, después de una derrota contundente, regresa…

Viene, como tantos otros, en desbandada. Ignora dónde están los suyos, si todavía viven. Sabe que algunos se han pasado al bando de los vencedores y no los culpa por ello. Tienen derecho a buscar un futuro mejor, para ellos y sus familias, se dice…

Victoria ya no tiene familia. Todos han caído en combate o se han ido, lejos, muy lejos…

Tampoco tiene amigos. Ni amante. La guerra se llevó su juventud, sus sueños, sus esperanzas…Vagamente recuerda el momento en que partió, tan alegre, y tan segura de sí misma, rumbo al combate. Pero había pasado tanto tiempo …

A veces se pregunta si  Emily había sobrevivido la caída del puente. Ella misma había logrado salvarse a duras penas, corriendo a gatas hacia el borde. Y después de eso, no volvió la vista atrás.

No valía la pena. O eso se dijo. Y siguió adelante…

Pero ahora volvía.

Por el camino miró con curiosidad a la gente con la que se cruzaba. Pero no vio ningún rostro familiar. Los vencidos, como ella, preferían pasar desapercibidos.

Tampoco vio alegría en los rostros de los demás. Sí, alivio en algunos, cansancio en otros, e indiferencia en casi todos. Los vencedores no estaban allí, sino muy lejos…

Eso la tranquilizó, en cierto modo.Le temía a la sed de revancha de los vencedores,a su odio. Y sabía que aunque quisiera disimularlo hasta su paso cansino la delataba. Por suerte, nadie parecía verla. Era invisible para casi todos. No supo si reír o llorar por ello.

Al fin llegó a su  casa. Estaba vacía …Entró y arrancó un viejo almanaque ,con una fecha antigua ya.

Y se puso a limpiar. Sábato hubiese señalado con sarcasmo en este gesto la evidente incapacidad femenina de salir de lo fútil , de lo prosaico y lo cotidiano.

Victoria no lo veía así. Después de todo ¿hay algún gesto que no sea fútil y vano cuando el mundo-o al menos, tu mundo, aquél al que dedicaste tu vida entera-se derrumba?

Victoria limpiaba afanosamente las habitaciones vacías, de la casa que supo ser de sus padres, que ingenuamente pensaron sería su legado para ella,pero que ahora pertenecían a un Banco de siglas interminables, de alguna parte del mundo. Del de los vencedores,claro…

Quiere dejar todo en orden antes de irse. No tiene apuro,pero tampoco desea retrasar lo inevitable. El futuro que le espera luce tan lejano y ajeno como esas habitaciones que algún día,hace ya mucho tiempo,ella llamó hogar…

Finalmente sale al exterior. Afuera ha comenzado a nevar.Victoria, temblando de frío debajo de los abrigos que consiguió sacar de la casa, camina lentamente…el invierno ha comenzado y no tiene ningún lugar al cual ir. Con curiosidad se pregunta si sus otrora compañeros de lucha estarán en la misma situación. Espera que no . El invierno será largo y  duro.

Y sigue caminando…

 

Derrota

Richard se sentó en un escalón. Ya sin balas, tiró sus armas. Cubierto de sangre seca, propia y ajena, rodeado de gente muerta o moribunda, encendió un cigarrillo con toda calma, y se dedicó a esperar…

Poco después vio acercarse a su viejo amigo, Javier , que le alcanzó una botella de cerveza. No estaba fría, pero era mejor que nada.

De pie, sucio y con una herida que le cruzaba el rostro, Javier permaneció en silencio sin atreverse a mirarlo a los ojos. Richard pareció darse cuenta y preguntó tranquilamente:

¿Fuiste tú,verdad?

Me prometieron que me perdonarían la vida. Que podría irme…

Siempre hacen eso, compañero. Pero nunca cumplen respondió Richard, sin darle mucha importancia…

Javier asintió.

¿Crees que tarden mucho en llegar?

No lo sé . Por mi parte, no tengo apuro.

Javier se sentó a su lado, y Richard le ofreció un cigarrillo. Él lo encendió. Entre los cadáveres creyó distinguir a Mina, pero no preguntó nada. De todos modos, nadie saldría con vida de allí…

Las bombas seguían cayendo, cada vez más cerca, pero los dos hombres no se movieron…simplemente esperaban…una infraciudad más había caído. La Ciudad seguía avanzando…

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