Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

Refugio: las Sacerdotisas de la Diosa Triple.

La sacerdotisa oyó pasos acercándose y abrió con cuidado la puerta. Un hombre aterrorizado la contempló desde el otro lado. Tenía en brazos a un bebé ,envuelto en mantas. Parecía dormido.

– Por favor- suplicó trabajosamente en el idioma del oeste…

La Sacerdotisa señaló al niño,y el hombre asintió. Lo depositó con cuidado en el suelo ,a los pies de la mujer, y repitió:

-Por favor.Hay que salvarlo …

Ella asintió sin decir nada,y él suspiró , aliviado. Después ,se alejó del lugar rápidamente,y ella tomó al pequeño en brazos, cuidando de no despertarlo e ingresó al templo, cerrando la puerta tras de sí…

Pocos minutos después fuertes golpes estremecieron la puerta. Diana, Sacerdotisa Mayor del Templo, abrió una pequeña ventana que había al lado de la puerta,y preguntó:

– Quién eres y qué buscas con tanta impaciencia?

El hombre,alto y vestido íntegramente de negro,con su rostro totalmente cubierto por un espeso velo respondió en la lengua de los habitantes del desierto.

– Busco a un fugitivo, pequeña Lilith. Tengo órdenes de entregarlo al rey de Oriente.

– Mi nombre es Diana. El hombre que buscas ya se ha ido. Sugiero reanudar tu búsqueda en otro sitio.

– Cómo sé que no lo escondes?

– No lo sabes. Pero te doy mí palabra de que ningún hombre cruzó éste umbral hoy.

El tzadikim nistarim se burló:

– La palabra de una litith vale menos que un grano de arena en el desierto.

– Tendrás que conformarte con eso. Sabes que la magia protectora te impedirá el paso,si intentas ingresar por la fuerza.

El hombre la miró con desdén, pero cedió. Podía sentir la magia del templo rechazándolo. No era el momento…

Diana permaneció inmóvil varios minutos después de que el tzadikim nistarim se hubiera marchado. Eso había estado cerca. Tendrían que despachar al niño esa misma noche rumbo a un templo del reino del Oeste. Era evidente que allí corría peligro.Como cualquier lilim nacido en Oriente.

Al menos entre los lilim del oeste ,el niño tendría un hogar…

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Cuentos del reino Austral: Elizabet. El comienzo.

Cuándo ella nació,era una más en la familia. La tercera descendiente de su padre,y la segunda hija mujer.

Pronto se hizo evidente que no habría recursos suficientes para aportar para su dote y la de su hermana mayor.

Pero Elizabet no se preocupó. Sabía que si se unía a las Sacerdotisas de La Diosa Blanca,sus padres ya no tendrían que ocuparse de ella,y su hermana Cyntia tendríauna mejor dote ,y podría casarse adecuadamente.

Qué además tendría la oportunidad de estudiar ,era una ventaja añadida, pero se cuidó de mencionarlo a sus padres. No serviría como argumento a favor,y lo sabía.

Su madre pareció aliviada,y su padre,indiferente. Su único hijo era lo principal para él,y mientras las tareas domésticas se hiciesen,no importaba cuántas participaban en ellas.

Tenía 6 años cuándo dejó la casa paterna,y entró al templo más cercano. Allí estudió y se preparó por años,y al cumplir los 18 años se convirtió oficialmente en Sacerdotisa. Sólo su hermana Cyntia asistió a la ceremonia. Al finalizar le contó que sus padres habían recibido una oferta matrimonial para ella,y que pronto se casaría.Elizabet se apresuró a felicitarla.

Por un tiempo creyó que viviría siempre en el templo,pero sólo un par de años más tarde conoció durante una misión humanitaria en las Islas a un joven diplomático del reino del reino Austral llamado Iván. Se pelearon a gritos durante media hora. La siguiente vez que hablaron, él le pidió disculpas,y se hicieron amigos.

Un mes más tarde,de regreso al Reino Austral, del cuál provenían ambos ,ya eran amantes. Y un año después,ella renunció al sacerdocio activo,para casarse con él. Cyntia acudió a su boda, trayendo consigo a su pequeño hijo,de 6 meses de edad.

Ella e Iván tuvieron dos hijos mellizos, Carlos y Mónica . Su vida era pacífica y doméstica,pero entonces el República Boreal,un país de la región Sur fue invadido por el Reino del Norte. Y Elizabet pensó que el rey Fernando estaba demasiado pasivo ante la amenaza. Era hora de actuar…

Si bien su esposo era ahora miembro del Parlamento estaba claro que Fernando no oiría sus advertencias. Elizabet recordó entonces que había un cargo que ella,como Sacerdotisa Honoraria ( título que mantenía a pesar de haber adoptado la religión de su marido,que era trinitario) podía ocupar. Podía ser regente de uno de los campos de entrenamiento de lilim, puesto que nadie en verdad deseaba ocupar.

A Iván le fue fácil obtener el nombramiento para ella. Sin embargo era sólo el comienzo. Había mucho acerca de los lilim que ella desconocía,y debería aprenderlo si quería sacar provecho de su posición…

La leyenda de Lilith. Los lilim. Un intento de Prólogo al reinicio…😊

Cuándo éramos niños nos parecía genial que nos dijesen todo el tiempo lo especiales que éramos.

Incluso diré,que eso de que la gente nos temía por nuestros poderes parecía una cosa extraordinaria. Porque teníamos poderes que nadie más tenía,y eso es lo mejor que te puede pasar , verdad?

Mientras creces rodeado de comodidades, aislado de los demás,es fácil no hacer preguntas incómodas.

Hasta que creces,y empiezas a sospechar que es un poco raro que tus “privilegios” impliquen menos opciones,y menos libertad que las de otros menos privilegiados.

Hasta que sales de tu refugio,y descubres que eso de que la gente te teme, no impide que intenten hacerte daño. Por el contrario,sirve de justificativo para que te agredan invocando su supuesto temor hacia ti.

Y es que quizá la mejor manera de controlar a alguien es hacerle creer que es tan privilegiado que merece vivir en una burbuja, ajeno a todo, incluso,a las decisiones que determinan su destino.

Eso sucedió con nosotros,los lilim. Pero para contar nuestra historia,no empezaré por el principio,sino, por una leyenda. La leyenda de Lilith.

Lilith era- eso se nos decía- una hechicera muy poderosa. Y ambiciosa. Tanto que intentó gobernar el planeta Gaia ,y los reyes de los 4 reinos (porque entre aquél entonces había sólo 4 reinos) debieron unir fuerzas para vencerla.

Aún así hubiesen sido derrotados fácilmente si Sargón,el más astuto de los reyes,no hubiera persuadido a los tzadikim nistarim de prestar su ayuda en la guerra.

Una vez muerta la temible hechicera,hubo que decidir que hacer con las hijas e hijos de Lilith,los lilim. No hubo acuerdo,y cada reino trató el asunto de distinto modo. Pero el objetivo estaba claro: nunca debía permitirse que alguien tan poderosa como Lilith surgiese de nuevo.

Esa historia nos era contada para aleccionarnos acerca del peligro del poder incontrolable de una lilim librada a su propia voluntad.Era el justificativo de toda la rigurosa vigilancia que sufrimos,de la segregación…

Excepto que Lilith no existió cómo tal.

Excepto que los lilim nunca habíamos sido libres,y jamás nos habíamos unido por una causa común.

De hecho,se suponía que ni siquiera debíamos interactuar con lilim de otros reinos. Esa era la regla no escrita,y se cumplió por siglos. Hasta hace poco. Fue apenas un detalle. Y de algún modo,fue el comienzo de algo totalmente inesperado.

Y la persona que hizo eso posible,fue Elizabet. Nada sorprendente,si se piensa que lo inesperado era su especialidad,pero aún así,nadie lo previó en su momento…

Máscaras y espejos 

Allí estaba…Después de tanto tiempo,después de tanta búsqueda infructuosa,Iris lo había hallado. Había hallado su rostro. No era que le agradase tanto,ni mucho menos,pero era el suyo. 

Arrojó su máscara al piso,con furia,y se colocó su rostro auténtico en su lugar. 

Se miró al espejo. Se veía extraña.Y se sentía agotada. Tantas máscaras ,y tantos años le habían pasado factura. Sin embargo,había alivio en sus ojos. Sólo en sus ojos. 

Al parecer aún tendría que pasar tiempo hasta que lograra comunicar sus emociones íntegramente a su viejo- y nuevo- rostro. Aunque era un comienzo. 

Salió a la calle,y caminó entre la multitudad,sin ser reconocida por nadie. Sería un largo día…

Edén …

Era oficial. No tenían más dinero. Y era su última noche de unas merecidas vacaciones veraniegas, ninguno quería pasarla durmiendo en la estrecha habitación que compartían, tirados en el suelo aprovechando lo mejor posible el espacio…

Pero la realidad era implacable. No había más dinero. Podrían regresar porque tenían los pasajes listos,pero no tenían ni lo necesario para una cerveza…

Algunos se resignaron, y estaban tratando de dormir ,a pesar de lo temprano que era. Pero ellos tres salieron a caminar…

Cualquier lugar era mejor que esa habitación atestada y de higiene dudosa que compartían.

Pronto llegaron a la plaza principal. Estaba repleto de gente,y no había duda de que las actividades nocturnas ya habían comenzado paulatinamente a desarrollarse. No estaban en su apogeo,para eso faltaban horas,pero habían iniciado. 

Manuel se dejó caer en un banco de plaza. Mauricio lo miró, algo molesto,pero lo imitó.  Jonathan hizo un además de seguir solo,pero después decidió preguntar:

-No van a pasar toda la noche allí, ¿verdad?

– ¿Por qué no? No tenemos dinero,¿recuerdas? No nos dejarán entrar…

-Lo sé- dijo Jonathan rascándose la cabeza- si fuéramos chicas ,podríamos entrar gratis…

La respuesta de sus amigos fue una risa de desdén. 

Pero en ese momento se les acercó un extraño personaje disfrazado con una cabeza de caballo, que al parecer repartía volantes de algún sitio. 

-Creo que yo puedo ayudarlos- comento con voz risueña,aunque claro ,eso era una conjetura,puesto que la máscara cubría su rostro.

-No creo que necesitemos la ayuda de un rarito vestido de caballo- comentó Mauricio .

-Un rarito que tiene entradas gratis, y puede ofrecérselas . Es un boliche nuevo, estamos promoviéndolo- señaló el personaje, sin reaccionar ante las risas de los muchachos. 

De pronto tenía toda la atención de los tres jóvenes. 

-Esta bien,caballito- murmuró Jonathan. Es una buena oferta. Pero dime,hay chicas,¿verdad? No es uno de esos boliches raros,¿No? 

El personaje contestó fríamente. 

-Claro que hay chicas…

Los jóvenes chocaron las manos alegremente,y luego tomaron las entradas de manos del sujeto,leyeron la dirección, y se dirigieron rápidamente para allá. 

-Edén- murmuró Manuel mirando las luces de Neón de la puerta. 

– Es aquí- confirmó Mauricio. 

Los tres se aproximaron a la puerta donde un hombre musculoso y cejijunto con ropa estilo militar los observaba. Mostraron las entradas ,y el hombre les cedió el paso . 

Una vez adentro una jovencita muy rubia y de aspecto voluptuoso,les dio la bienvenida. Tomó las entradas de sus manos,les colocó una pulseras, y les indicó que tenían derecho a una consumición gratis. Tres pares de ojos recorrieron nada disimuladamente su figura, pero ella los ignoró y se alejó rápidamente, lista para atender a otros recién llegados. 

Los jóvenes decidieron ir a la barra. Allí una mujer madura de curioso pelo verde preparaba los tragos,ayudada por una jovencita de pelo celeste y lila

La primer decepción la sufrieron cuando vieron que los vasos que la chica les había traído,y entregado a cada uno, sólo contenían refresco de naranja. 

– ¿No hay cerveza?- reclamó Jonathan.

-Sólo si la paga- respondió muy sonriente la jovencita. 

Se hizo un silencio. Bueno,no exactamente,porque la música atronaba alrededor de ellos. Pero ninguno de los chicos habló. 

Buscaron una mesa,y se dedicaron a observar mejor el panorama. Ciertamente había chicas. Muchas. Tantas que Mauricio empezó a notar algo extraño. La suya era la única ocupada por hombres.

Y no solo eso. Estaban siendo mirados. Muy mirados. Como si cada movimiento suyo estuviera siendo registrado. Poco después un grupo de chicas se les acercó. No les dieron tiempo a hacer ningún comentario, y Manuel se dio en un repentino e inesperado ramalazo de temor,que los estaban separando. Quiso advertir a sus compañeros pero ni siquiera estaba seguro acerca de qué debería advertirlos,y pronto ya los tuvo a su alcance para hablarles.  

Manuel se había quedado solo,o mejor dicho,no estaba exactamente solo. Porque una mujer estaba en ese momento insinuando del modo más abierto posible, su interés por él. Y a él no le gustaba ella. Ni un poquito. 

En ese momento pasó un camarero,llevando unas bebidas para una mesa cercana. La mirada de Manuel se dirigió suplicante a él, pidiendo ayuda. Pero en vez de ofrecer cualquier atisbo de colaboración, la respuesta fue una mirada insinuante y seductora detrás de sus gruesos anteojos. Y una voz maliciosa que indicaba:

-Estoy en mi turno. Pero salgo en dos horas…si me espera,veré que puedo hacer por usted. Tras decir estas palabras,le guiñó un ojo,y siguió rumbo a la mesa a la que estaban destinadas esas bebidas…

Manuel sintió náuseas, y temor. Por ningún motivo pensaba en buscar al camarero después de su turno. Ya sospechaba que no recibiría ayuda,y sí atención no deseada.  

Ciertamente esa noche nada había salido bien. Bebió de sólo un trago su jugo de naranja. Se sintió mareado. Su último pensamiento fue de terror porque supo que lo habían drogado,y que ya era tarde para evitarlo. 

Mauricio había soltarse de los brazos de una fornida damisela y había salido corriendo. Pensó buscar a sus amigos,pero luego descartó la idea. Había muchas mujeres y era difícil abrirse paso. Además notaba como su trasero era manoseado de manera evidente cada vez que quedaba al alcance de la mano de una de ellas,y la situación que otrora hubiese encontrado atractivo, se estaba tornando molesta. 

En ese momento una jovencita de pelo rosa le hizo señas desde su mesa. Parecía tranquila e inofensiva. Y Mauricio se sentó a su lado. 

-¿Cómo te llamas?- le preguntó de inmediato. 

– Helena- fue la respuesta, sonriente y tímida. Bueno,era un cambio ante tanta actitud agresiva y directa que había presenciado. Tal vez por eso se confió. Tal vez por eso bebió tan tranquilamente del vaso que ella le ofrecía. 

Ella seguía sonriendo cuando los efectos de la droga lo desplomaron. 

Jonathan estaba satisfecho. Esa había una buena noche. Cualquier noche en la que terminas con una chica semidesnuda encima tuyo lo es. Y si una amiga de la chica aparece, dispuesta a unirse a la fiesta, la noche mejora. Así que aceptó la cerveza que ella le entregaba en ese momento, y bebió . De un trago y sin respirar. Cayó en la inconsciencia casi sin darse cuenta…

Horas más tarde y con el boliche vacío, un grupo de personas reía,apoyados contra la barra. 

– Fue divertido- confesó Helena. 

-Siempre lo es – confirmó Eduardo sacándose el disfraz de caballo. 

-Confieso que dolió un poco que me rechazan – comentó José, jugando con sus anteojos- pero por lo demás, valió la pena. 

– ¿No se puede volver un poco peligroso?- murmuró el David,acomodándose su chaqueta de corte militar. 

-Claro que no- indicó con calma Bárbara, mientras alisaba su pelo rubio- la droga que les damos confunde sus recuerdos,los hace imprecisos. Demasiado confusos para denunciar. Lo bastante claros para que sientan aprensión en el futuro. 

– Supongo que es un pequeño desquite- reflexionó la mujer de pelo verde. 

– Y además es tremendamente divertido,Jane- remarcó Rose con una amplia sonrisa.El Edén es el mejor boliche que hay.Y nuestras clientas lo adoran. 

El comentarios recibió la aprobación general de grupo…

En algún basurero cercano, Manuel ,Jonathan y Mauricio estaban teniendo en ese momento un doloroso despertar…

Verdugos

Siempre he sido profesional. Lo confieso. Hago mi trabajo con total eficiencia y eficacia. No todos pueden decir eso.
Y es que la profesión de verdugo no es para cualquiera. Muchos caen en la estupidez de creer que hay que amedrentar al condenado ,y eso es una absurda pérdida de tiempo.
Me causan risa algunos de mis compañeros que se regodean contando las cicatrices ganadas en ejercicio de la profesión. Sólo un imbécil se vanagloria de haber tenido que amordazar a sus condenados, porque éstos, aún atados de pies y manos,se defendían a mordiscos, y escupían. Recuerdo que aún así, uno le fracturó la nariz al verdugo, de un simple cabezazo.
Sospecho que un examen psicológico más riguroso permitiría eliminar a esos sadomasoquistas encubiertos, pero quizá bajaría excesivamente el número de reclutas. La Empresa debe ser cautelosa con estas medidas.
Por mi parte yo no recibido herida alguna en todos mis años de desempeño. Admito que tengo alguna que otra cicatriz en la espalda y hombros ,pero no ha sido a causa del trabajo. Si hay algo que tengo bien claro es la necesidad de no mezclar negocios con placer.
Volviendo a mi queja anterior,sospecho que el problema principal radica en que se contratan demasiados hombres. Las mujeres son menos dadas al exhibicionismo, y no dudan en drogar a los reclusos para mantenerlas tranquilos. Algo de elemental sentido común,pero que muchos hombres ven con desprecio, casi como signo de cobardía.
Tal vez siguen pesando los viejos prejuicios sociales contra las mujeres, aún en La Empresa. Una lástima.
Y no se crea que digo esto esperando sacar alguna ventaja. En mi tarea diaria apenas si hablo con mis colegas,sean varones o mujeres. Esta no es una profesión para hacer amigos. 
Con quienes sí hablo,es que con los condenados. Y mucho. Les nuestro la máxima cordialidad, les digo una y otra vez que soy su aliado, que soy la única persona que puede salvarlos. Incluso intervengo cuando algunos de mis colegas intentan propasarse innecesariamente con los reclusos. Por eso muchos me odian. Pero mi eficacia es indiscutible.
Y los condenados me creen. Confían ciegamente en mí. Durante el camino, las ancianas me muestran fotos de sus nietos, a los cuales esperan ver pronto. Nunca entenderé como logran pasar por los rigurosos controles de entrada semejantes objetos. Si pusieran el mismo empeño en ocultar granadas de mano,los verdugos estaríamos en un aprieto.
Pero no sólo las ancianas se dejan llevar sin oponer resistencia. Las mujeres jóvenes, y hasta los hombres caminan tranquilamente a mi lado , mientras esperan que los guíe rumbo a su salvación.
Los seres humanos adoran los cuentos de hadas, y lo que es peor, los creen. Piensan realmente que todas las historias deben tener final feliz. Que los buenos les ganan al final a los malos, y que quien dice estar de tu lado, siempre lo está. Yo sonrío y los dejo creer. Cuando llegamos al sitio de la ejecución, los mato con un certero movimiento de mi navaja. Sospecho que no llegan a tener tiempo de decepcionarse ante mi traición cuando la muerte los alcanza.
Por algo soy el mejor verdugo de todos. Pero no me hago ilusiones. Tarde o temprano me llegará el “ascenso”, que no es precisamente el paso a una tarea menos sangrienta, como piensan ingenuamente algunos de mis colegas, sino mi propia ejecución. A cargo de algún verdugo, claro está.
Yo mismo he tomado parte en una de ellas. Y sorprendentemente, los propios verdugos son tan crédulos como los reclusos. No pueden, o no quieren creer que para La Empresa,todos somos descartables .
Pero por ahora,sigo adelante y cumplo con mi tarea diaria. Al fin de cuentas, alguien debe hacerlo,y yo soy,sin ninguna falsa modestia, el mejor en lo mío…

¿Regreso?

Victoria regresa …Después de una larga y dura batalla, después de una derrota contundente, regresa…

Viene, como tantos otros, en desbandada. Ignora dónde están los suyos, si todavía viven. Sabe que algunos se han pasado al bando de los vencedores y no los culpa por ello. Tienen derecho a buscar un futuro mejor, para ellos y sus familias, se dice…

Victoria ya no tiene familia. Todos han caído en combate o se han ido, lejos, muy lejos…

Tampoco tiene amigos. Ni amante. La guerra se llevó su juventud, sus sueños, sus esperanzas…Vagamente recuerda el momento en que partió, tan alegre, y tan segura de sí misma, rumbo al combate. Pero había pasado tanto tiempo …

A veces se pregunta si  Emily había sobrevivido la caída del puente. Ella misma había logrado salvarse a duras penas, corriendo a gatas hacia el borde. Y después de eso, no volvió la vista atrás.

No valía la pena. O eso se dijo. Y siguió adelante…

Pero ahora volvía.

Por el camino miró con curiosidad a la gente con la que se cruzaba. Pero no vio ningún rostro familiar. Los vencidos, como ella, preferían pasar desapercibidos.

Tampoco vio alegría en los rostros de los demás. Sí, alivio en algunos, cansancio en otros, e indiferencia en casi todos. Los vencedores no estaban allí, sino muy lejos…

Eso la tranquilizó, en cierto modo.Le temía a la sed de revancha de los vencedores,a su odio. Y sabía que aunque quisiera disimularlo hasta su paso cansino la delataba. Por suerte, nadie parecía verla. Era invisible para casi todos. No supo si reír o llorar por ello.

Al fin llegó a su  casa. Estaba vacía …Entró y arrancó un viejo almanaque ,con una fecha antigua ya.

Y se puso a limpiar. Sábato hubiese señalado con sarcasmo en este gesto la evidente incapacidad femenina de salir de lo fútil , de lo prosaico y lo cotidiano.

Victoria no lo veía así. Después de todo ¿hay algún gesto que no sea fútil y vano cuando el mundo-o al menos, tu mundo, aquél al que dedicaste tu vida entera-se derrumba?

Victoria limpiaba afanosamente las habitaciones vacías, de la casa que supo ser de sus padres, que ingenuamente pensaron sería su legado para ella,pero que ahora pertenecían a un Banco de siglas interminables, de alguna parte del mundo. Del de los vencedores,claro…

Quiere dejar todo en orden antes de irse. No tiene apuro,pero tampoco desea retrasar lo inevitable. El futuro que le espera luce tan lejano y ajeno como esas habitaciones que algún día,hace ya mucho tiempo,ella llamó hogar…

Finalmente sale al exterior. Afuera ha comenzado a nevar.Victoria, temblando de frío debajo de los abrigos que consiguió sacar de la casa, camina lentamente…el invierno ha comenzado y no tiene ningún lugar al cual ir. Con curiosidad se pregunta si sus otrora compañeros de lucha estarán en la misma situación. Espera que no . El invierno será largo y  duro.

Y sigue caminando…

 

Derrota

Richard se sentó en un escalón. Ya sin balas, tiró sus armas. Cubierto de sangre seca, propia y ajena, rodeado de gente muerta o moribunda, encendió un cigarrillo con toda calma, y se dedicó a esperar…

Poco después vio acercarse a su viejo amigo, Javier , que le alcanzó una botella de cerveza. No estaba fría, pero era mejor que nada.

De pie, sucio y con una herida que le cruzaba el rostro, Javier permaneció en silencio sin atreverse a mirarlo a los ojos. Richard pareció darse cuenta y preguntó tranquilamente:

¿Fuiste tú,verdad?

Me prometieron que me perdonarían la vida. Que podría irme…

Siempre hacen eso, compañero. Pero nunca cumplen respondió Richard, sin darle mucha importancia…

Javier asintió.

¿Crees que tarden mucho en llegar?

No lo sé . Por mi parte, no tengo apuro.

Javier se sentó a su lado, y Richard le ofreció un cigarrillo. Él lo encendió. Entre los cadáveres creyó distinguir a Mina, pero no preguntó nada. De todos modos, nadie saldría con vida de allí…

Las bombas seguían cayendo, cada vez más cerca, pero los dos hombres no se movieron…simplemente esperaban…una infraciudad más había caído. La Ciudad seguía avanzando…

Tsunami

Alexandra había despertado ese día asustada. La niña temía su llegada desde hacía semanas, y se lo había dicho a toda su familia hasta que ,a fuerza de golpes, la convencieron de las virtudes del silencio.

Se había dedicado a leer en la biblioteca, donde nadie la molestaba, pero lo que leyó no la tranquilizó en absoluto.

Allí encontró que el pueblo en que ella había nacido y del cual nunca había salido, había sido fundado hacía doce años, luego que una terrible catástrofe redujera a ruinas la zona dos años atrás. Además el pueblo anterior había estado a punto de desaparecer en otra catástrofe 12 años antes,seis años después de su fundación.

Siguió leyendo y notó que otra catástrofe había barrido la zona 7 años antes…,tres años luego de un comienzo de reconstrucción.

O sea que no había periodicidad clara…Pero volviendo a leer, notó que siempre el peligro venía del mar. Y aquel día sería el día de la inauguración del puerto. Del nuevo puerto.Todo el pueblo estaría allí, a la merced del mar, si algo llegaba a ocurrir…

Quiso advertir a los adultos del peligro, pero nadie la tomó en serio. El pronóstico meteorológico para el día de la inauguración era excelente: soleado y con el mar en calma. No había motivo para temer, y ciertamente no serían los temores de una niña los que los harían cambiar de opinión.

Su insistencia fue recibida con burlas y golpes y, finalmente, la niña se resignó al silencio. Por un momento especuló con irse ella sola del pueblo, pero luego se dijo que sería egoísta irse ella sola,sin su familia,y que, después de todo, podía estar equivocada al tener tanto miedo…

Finalmente llegó el día tan esperado. Todo el pueblo estaba reunido. La alcaldesa miraba con orgullo la obra terminada. No quedaba duda de que era grandiosa…A su lado revoloteaban los adulones de ocasión, pero también la gente que había trabajado arduamente para ver terminada esa obra, y que compartía su orgullo por lo conseguido…

Alexandra no miraba eso. Sus ojos oteaban el horizonte. El mar estaba inusualmente bajo, pero nadie le prestó atención a ese hecho, solo ella ,que vio despertar nuevamente sus temores…

Gritó tratando de llamar la atención, pero sus padres la hicieron callar rápidamente. La niña permaneció apartada, y en silencio, durante todo el acto, lejos de la algarabía general.

El acto transcurrió con normalidad, pero cuando ya estaba terminando y todos se preparaban para regresar a sus casas, una gigantesca ola apareció en el horizonte, y la niña supo que estaban perdidos.

La gente corría a su alrededor,aterrada, buscando alejarse de la costa , y varias veces Alexandra estuvo a punto de ser pisoteada por la multitud…pero ella no se movió. Sabía que ya era tarde…

tsunami

Casandra II (los repartidores de sueños)

floresdoradas

 

Un día llegaron al pueblo de Casandra los repartidores de sueños…

Ella se había vuelto desconfiada luego de lo sucedido en el pueblo, pero los sueños que repartían eran reales, y eran para todos.

Poco a poco volvió a creer…, aunque un oscuro presentimiento le dijera que era algo pasajero.

El pueblo que otrora había sido esquilmado en sus sueños, los recibía nuevamente a manos llenas.

Pero cuando todo parecía volver a la normalidad llegó él, y comenzó a robar nuevamente los sueños de a puchitos, con la excusa de que no era el momento para que soñaran o diciendo que no los merecían.

Casandra volvió a la decepción. Tal vez habían soñado por encima de sus posibilidades.

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