Cuentos de un mundo descosido

Cuentos de cuya autoría soy culpable

Dulce Meritocracia

Iris miraba con ansiedad el trozo de torta. Era la única niña de la mesa. Esperaba que los adultos terminasen de comer para levantar los platos y lavarlos.
Y era el día de la Madre. Pero Iris no pensaba en eso. Su madre se había ido,y no esperaba su regreso. Sólo pensaba en ese pedazo de torta,con crema y dulce de leche,que en ese momento los adultos miraban con cara de consternación.
Porque era el último trozo,y nadie tenía apetito ya.
– Es muy pequeño para guardarlo – sentenció la matrona de la casa.
Ingrid sintió que sus esperanzas renacían. Su mirada lastimera,y excesivamente fija en el postre en cuestión,no conmovió a nadie.
– Si nadie lo quiere,lo voy a tirar- amenazó la señora,mirando a los demás adultos de la mesa.
Yo lo quiero,pugnaba por decir Iris,pero permaneció en silencio. Sabía sobradamente las consecuencias de hablar sin permiso de sus tutores. En vez de ello, mantuvo su mirada lastimera fija en el trozo de torta.
Finalmente,el esposo de la dueña de casa tomó una decisión. Pidió una cuchara,y rápidamente,dio cuenta del último trozo de bizcochuelo.
Iris bajó la cabeza,resignada,y comenzó a retirar los platos. Quizá no había hecho méritos suficientes para probar aquél postre…

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Verdugos

Siempre he sido profesional. Lo confieso. Hago mi trabajo con total eficiencia y eficacia. No todos pueden decir eso.
Y es que la profesión de verdugo no es para cualquiera. Muchos caen en la estupidez de creer que hay que amedrentar al condenado ,y eso es una absurda pérdida de tiempo.
Me causan risa algunos de mis compañeros que se regodean contando las cicatrices ganadas en ejercicio de la profesión. Sólo un imbécil se vanagloria de haber tenido que amordazar a sus condenados, porque éstos, aún atados de pies y manos,se defendían a mordiscos, y escupían. Recuerdo que aún así, uno le fracturó la nariz al verdugo, de un simple cabezazo.
Sospecho que un examen psicológico más riguroso permitiría eliminar a esos sadomasoquistas encubiertos, pero quizá bajaría excesivamente el número de reclutas. La Empresa debe ser cautelosa con estas medidas.
Por mi parte yo no recibido herida alguna en todos mis años de desempeño. Admito que tengo alguna que otra cicatriz en la espalda y hombros ,pero no ha sido a causa del trabajo. Si hay algo que tengo bien claro es la necesidad de no mezclar negocios con placer.
Volviendo a mi queja anterior,sospecho que el problema principal radica en que se contratan demasiados hombres. Las mujeres son menos dadas al exhibicionismo, y no dudan en drogar a los reclusos para mantenerlas tranquilos. Algo de elemental sentido común,pero que muchos hombres ven con desprecio, casi como signo de cobardía.
Tal vez siguen pesando los viejos prejuicios sociales contra las mujeres, aún en La Empresa. Una lástima.
Y no se crea que digo esto esperando sacar alguna ventaja. En mi tarea diaria apenas si hablo con mis colegas,sean varones o mujeres. Esta no es una profesión para hacer amigos. 
Con quienes sí hablo,es que con los condenados. Y mucho. Les nuestro la máxima cordialidad, les digo una y otra vez que soy su aliado, que soy la única persona que puede salvarlos. Incluso intervengo cuando algunos de mis colegas intentan propasarse innecesariamente con los reclusos. Por eso muchos me odian. Pero mi eficacia es indiscutible.
Y los condenados me creen. Confían ciegamente en mí. Durante el camino, las ancianas me muestran fotos de sus nietos, a los cuales esperan ver pronto. Nunca entenderé como logran pasar por los rigurosos controles de entrada semejantes objetos. Si pusieran el mismo empeño en ocultar granadas de mano,los verdugos estaríamos en un aprieto.
Pero no sólo las ancianas se dejan llevar sin oponer resistencia. Las mujeres jóvenes, y hasta los hombres caminan tranquilamente a mi lado , mientras esperan que los guíe rumbo a su salvación.
Los seres humanos adoran los cuentos de hadas, y lo que es peor, los creen. Piensan realmente que todas las historias deben tener final feliz. Que los buenos les ganan al final a los malos, y que quien dice estar de tu lado, siempre lo está. Yo sonrío y los dejo creer. Cuando llegamos al sitio de la ejecución, los mato con un certero movimiento de mi navaja. Sospecho que no llegan a tener tiempo de decepcionarse ante mi traición cuando la muerte los alcanza.
Por algo soy el mejor verdugo de todos. Pero no me hago ilusiones. Tarde o temprano me llegará el “ascenso”, que no es precisamente el paso a una tarea menos sangrienta, como piensan ingenuamente algunos de mis colegas, sino mi propia ejecución. A cargo de algún verdugo, claro está.
Yo mismo he tomado parte en una de ellas. Y sorprendentemente, los propios verdugos son tan crédulos como los reclusos. No pueden, o no quieren creer que para La Empresa,todos somos descartables .
Pero por ahora,sigo adelante y cumplo con mi tarea diaria. Al fin de cuentas, alguien debe hacerlo,y yo soy,sin ninguna falsa modestia, el mejor en lo mío…

La resignación del Consejo

Los miembros del Consejo de Notables se miraron con desánimo. En pocos días habían sido obligados a retroceder hasta un pequeño rincón de la frontera. Contrariamente a lo que pensaban, el pueblo del Este no se había sumado en masa a la resistencia.
Habían conseguido soldados, sí, sobre todo entre los aristócratas, pero la gran mayoría de la población vivaba al nuevo rey por donde pasare, y saludaba a los lilim del Oeste como si fuesen libertadores.
-Debemos lograr que abran los ojos- murmuró Huang Li – Si supieran que ese joven no es en verdad un hijo legítimo del rey, que es sólo el resultado de una contaminación accidental en el Centro de Reproducción .Que no es humano.
-Curioso accidente,por cierto. Muy sospechoso- señaló Yue con desconfianza- debimos decírselo al rey cuando aún tenía arreglo.
-El rey no oía razones- recordó Shoko-  Adoraba a ese niño, y hubiese matado a quien cuestionara su paternidad.
– Sois unos idiotas- rió Chifan- ¿De qué serviría gritar que hay luz frente a un pueblo de ciegos? Estuve en las calles, disfrazado. El príncipe se rodea de lilim, y hasta lo he visto abrazarse en público con ese lilim llamado Jake sin que nadie le dé importancia. En vez de eso ,lo aplauden, y se empujan por tocar su manto cuando pasa,¿cambiaría algo el que digamos que el chico lleva sangre de lilim en sus venas? Lo dudo mucho.
-No puede ser que todo el pueblo se haya vuelto loco- Se lamentó Huang Li.
– Pero es así- insistió Chifan-  Son todos imbéciles. Claro que él les llenó la cabeza con promesas, como que ya no deberán pagar el tributo de un primogénito a los Tzadikim Nistarim,pero lo central es que son estúpidos que no comprenden las consecuencias de sus actos,y contra la estupidez, hasta los mismos Dioses son impotentes.
-El embajador del Norte dijo que conseguiría ayuda- señaló Yue.
– Y tal vez lo haga-se quejó Shoko- Pero sólo les interesa mantener la Fábrica. No quieren quedarse sin suministro de Tzadikim . Lo demás les es indiferente. Su ayuda será limitada.
-Es mejor que nada- concluyó Yue- Un enclave de sensatez mientras el reino se sume en la locura. Servirá para reconstruir lo demás cuando llegue el momento.
Los demás lo miraron, no muy convencidos. Resignarse a dejar el reino en manos de un casi-lilim era humillante, y sin embargo no parecía haber otra salida.

Yulia se encarga de Mauro

Yulia escuchó atentamente a Javier, y con algo de fastidio  lo siguió hasta dónde estaba el rey Mauro.  Antes tomó la precaución, eso sí, de pedir a una sirvienta (las muy atrevidas querían ser llamadas personal doméstico, pero Yulia no se lo permitiría, estaba decidida a quitarles las ínfulas que Elizabet les había inculcado) que llamase al médico real.
-Está cada vez peor- se lamentó Javier – Debes hacer algo para calmarlo.  Pronto tendrá una reunión con los Sacerdotes de Marduk, y temo que sus nervios lo traicionen.
-No puedo hacer milagros, Javier.  Soy su esposa, no su consejera política.  Tal vez si lo dejaran tomarse unos días más de vacaciones… Yo lo llevaría a esquiar en las montañas del Oeste.  Eso siempre lo calma…
-Supongo que no hay más remedio- suspiró Javier,resignado.
-Sandra intentó convencerme para que la deje hablar de nuevo con Mauro – comentó de repente Yulia.
-Esa tonta… Ya le dije claramente que Mauro hizo todo lo posible por ella y sus hijas.Pero pretender ser indemnizada como si fuese la viuda de un héroe es absurdo.  George era un idiota, y murió como tal. Demasiado hicimos fingiendo un accidente para que no se supiera que el tipo se suicidó.  Años en el negocio, y justo en ese momento se le dio por pensar en  su dignidad y buen nombre…una estupidez.
Yulia meneó la cabeza con pesar… Luego abrió  la puerta,  y se dirigió hacia donde estaba su esposo.
Mauro levantó la cabeza al verla. Ella lo abrazó y él sollozó en sus brazos, como un chiquillo.  Javier se retiró prudentemente. 
Seguramente el médico llegaría enseguida, y además estaba Yulia. Ella podría hacerse cargo de todo a partir de allí.

Un plan de Aurora…

Varias horas después regresaron Rosa y Kevin. Traían noticias, ciertamente.
Todos se reunieron a su alrededor, y Rosa explicó que había carteles por toda la ciudad ofreciendo recompensa por la captura de la “lilim de ojos violeta”,como llamaban a Aurora. Por otra parte no habían visto tzadikim nistarim,y sólo  se habían cruzado con un par de lilim naranja que no parecieron prestarles atención.
Aurora escuchó atentamente el relato. Después llamó a Gabriel y le dijo que debía hablar a solas con él. Gabriel obedeció.
Aurora caminó en silencio unos pasos. Gabriel estaba cada vez más preocupado:
-¿Vas a pedirme que me marche,no?-Preguntó.
Aurora lo miró sorprendida,y respondió:
-No exactamente.
Luego lo tomó bruscamente de la mano y lo teletransportó fuera de allí.
-Dijiste que sólo caminaríamos -protestó Gabriel.
-Un detalle menor- Señaló Aurora- Además caminando tardaríamos mucho. Y no quiero hacer esperar tanto a la gente de Paul…
-¿Por qué te estarían esperando?- balbuceó Gabriel-Ellos no saben que estás aquí.
-No,no lo saben. Pero lo sabrán. Porque tú se los dirás…Tú vas a entregarme, Gabriel.
Gabriel se apartó de ella,asustado.
-¡No!¿Es que acaso me crees un traidor?
-Claro que no. No es traición si lo haces porque yo te lo pido. Necesito llegar hasta Paul, y éste es el camino más rápido.
-¿y cómo crees que se lo explicaré a los demás? Si regreso solo y sin dar explicaciones…
-Te matarán  – Completó Aurora- Sobre todo Rubí. David intentará defenderte pero no podrá contra ella.
Aurora permaneció pensativa unos momentos. Y quitándose un pendiente se lo tendió a Gabriel.
-Lleva esto. Dáselo a Rubí.  Ella entenderá.
Gabriel lo tomó y lo guardó en su morral.
-¿Cómo sabes qué no tomaré el dinero y me iré sin decirle nada a nadie?-Preguntó con sorna- Después de todo no me conoces…
-Sé qué puedo confiar en tí. Aunque no lo hagas por mí, lo harás por David- indicó Aurora, risueña .
Gabriel se sonrojó levemente, pero no dijo nada.
Frente a ellos pasó una pequeña patrulla de lilim naranja.
-Es hora-señaló Aurora.
Gabriel se limitó a asentir.

Llegada al Norte

-Es hora de irnos- anunció Aurora.
Rápidamente los integrantes de su grupo cambiaron las vestiduras características de los lilim del Sur,por los trajes característicos de la gente del Norte.
Después tomaron las cosas que llevarían. Gabriel pensaba que irían preparados para cualquier contingencia, y se sorprendió al notar que parecían haber dejado casi todo en el campamento.
Una vez listos para partir,se reunieron formando un círculo alrededor de Aurora,y ésta los teletransportó rumbo al reino del Norte.
Al poco rato,Gabriel abrió los ojos,y por un momento, creyó que no se habían movido de allí. Estaban en medio de un bosque, como antes. Sin embargo, un rápido vistazo le bastó para notar que aquél bosque era menos espeso. También percibió la presencia de una ciudad en las cercanías.
-A partir de aquí, deberemos ir caminando- indicó Aurora,mientras
desplegaba un mapa del reino del Norte, y lo observaba atentamente. Finalmente, ordenó a Rosa y a Kevin que fuesen a investigar.
Gabriel observó como la pareja se alejaba, mientras los demás armaban un pequeño campamento.
El joven se preguntaba si realmente habían traído tantas cosas cómo para armarlo,pero dado que lo habían puesto a vigilar los alrededores, no pudo observar mucho de estos procedimientos.
Ahora sí que estaban en peligro, se dijo.Estaban en el Norte mismo,y cada persona que hallasen era un enemigo en potencia.
¿Por qué Aurora enviaba entonces a Rosa,y a Kevin, una pareja de lilim de tipo rojo, el tipo más débil? Se lo tendría que preguntar a David más tarde…

Daniel le pide ayuda a Ignacio

Ignacio llegó a su despacho muy temprano,como todos los días. No esperaba encontrar a nadie , ya que las audiencias comenzarían  mucho más  tarde.

Por eso se llevó  una gran sorpresa cuándo,al entrar, descubrió a Daniel, sentado plácidamente en su sillón, esperándolo…

-Hola,Jorge-lo saludó.

-Definitivamente, debo apresurar la llegada de los tzadikim nistarim,la seguridad de mi palacio es pésima -Comentó, Ignacio,lleno de fastidio.

-Tenía autorización de uno de tus cardenales. Los guardias no tuvieron la culpa,tenían que obedecerle- Señaló , muy risueño,Daniel.

-¿Qué es lo que quieres?-preguntó Ignacio con evidente enojo en su voz…

Daniel se  encogió de hombros y respondió:

-Quiero una mujer hermosa,una jarra de buen vino,y no ser humillado en los lugares que visito-y agregó con amargura- sé qué no hay  mujeres aquí, y desconfío de la calidad de vuestros vinos,así que espero que al menos me concedas mi tercer pedido…

-Tal vez te recibirían mejor si esperases a ser invitado para venir-respondió secamente el pontífice.

-Jorge,nadie invita a su casa un vencido.  Y yo necesito tu ayuda con urgencia.  No puedo quedarme esperando en el sur a que me escribas una carta diciendo amablemente que esperas que esté bien de salud,y naderías por ese estilo.

-Si quieres que te oiga,empieza a levantarte de ese asiento. Es mío. Y deja de llamarme Jorge,sabes que mi nombre ahora es Ignacio.

-Ah,sí, olvidaba ese capricho de los pontífices de cambiaros el nombre al asumir ¿Es para despistar a la Trinidad?…-preguntó Daniel mientras se cambiaba al sillón de enfrente.

Ignacio se sentó, y sólo entonces contestó:

-Es simbólico, no tiene caso explicarlo a un seglar.

-Tampoco es que me importe la respuesta. Sólo espero que tu cambio de nombre no te haya hecho olvidarte de tus antiguos aliados.

-¿Qué esperas que haga por ti,Daniel? Tú lo has dicho,los vencidos no reciben invitaciones. Mucho menos, ayuda militar.

-No seas petulante. Sé que tu posición es frágil. No hubieras recurrido a los Tzadikim de no ser así. Pronto necesitarás un aliado en el Reino del Sur. Y Mauro no lo es.

-Ese imbécil -murmuró Ignacio- No durará mucho.

-Me temo que con el apoyo del Norte,y la protección de Javier, durará más de lo que mi paciencia, y  tu trono, pueden resistir. Necesitas que yo sea el nuevo rey , Ignacio,tienes que aceptarlo.

-Te olvidas de Elizabet…

-Elizabet está muerta. Políticamente, quiero decir. Será mejor para ella que aprenda a tejer,porque ese es el futuro que le espera- respondió,despectivo, Daniel.

-Aún debes convencer a la gente del Sur-señaló  el pontífice.

-Y ahí es donde entras tú .Hay muchos trinitarios en el sur….ellos te escucharan .

-Los lilim no son trinitarios.

-Los lilim son ateos,lo sé. Pero también son imparciales. Jurarán obediencia a quien restaure la legalidad. Y Mauro no tiene lilim en su ejército…

Ignacio permaneció en silencio. No se lo dijo,pero pensaba que aquella era la única virtud de Mauro.

Ciertamente era una decisión difícil. Daniel era un  aliado útil, pero el costo por mantenerlo ,¿valía  la pena? Últimamente todas las decisiones que tomaba le salían caras,muy caras…

Los temores de Gabriel

Gabriel se había apartado del grupo y practicaba con su arco, lanzando flechas contra un árbol cercano…
Poco después, David se aproximó,y permaneció varios minutos en silencio, observando atentamente los movimientos del joven.
Finalmente, Gabriel dejó el arco de lado,y sin mirarlo,comentó en voz alta:
-He mejorado bastante. Si los enemigos deciden quedarse quietos como este árbol,los derribaré sin problemas. Y si no -agregó con amargura- siempre me queda la opción de correr y gritar como un chiquillo asustado. Como soy el menor del grupo,creo que me corresponde ese papel.
-No-Respondió David- No lo eres.
Gabriel se sentó en el suelo,muy desanimado. Seguía sin mirar a David,cuando murmuró :
-¿No soy parte del grupo,quieres decir? Supongo que tienes razón.
David lo miró, sorprendido.
-No eres el menor -aclaró – Aurora tiene un par de meses menos que tú -y agregó,riéndose -pero no creo que le gustase mucho el papel de niña asustada…
-Supongo que no puedo competir con ella,siempre me supera-señaló tristemente Gabriel.
David se acercó, lo tomó por los hombros,y lo hizo darse vuelta.Gabriel se puso de pie, y lo miró .
-¿Por qué deberías tú competir con Aurora?- preguntó David,desconcertado.
El muchacho se sonrojó intensamente, pero sostuvo la mirada de David…
David lo miró unos instantes:
-¿A qué le tienes tanto miedo?-preguntó abruptamente.
-¿Van a dejarme,no es verdad? Después de todo ,soy un estorbo para ustedes-preguntó Gabriel, conteniendo las lágrimas con dificultad.
-No-respondió con firmeza,David – No vamos a dejarte -y agregó, como al descuido- Yo no voy a dejarte.
-Yo tampoco-le susurró Gabriel al oído -Yo tampoco.

Cambios en Seven Hills

El capitán de la guardia de Seven Hill,Mike, escuchaba imperturbable las explicaciones del líder de los Trinitarios, Ignacio. Cuando el pontífice hubo terminado,el joven habló :
-Supongo que nos indemnizará a todos. Después de todo,cumplimos nuestro contrato con Seven Hill. Que ud prefiera prescindir de nuestros servicios no nos preocupa,siempre y cuando nos pague.
Ignacio sonrió tristemente:
-Al fin y cabo no sois más que mercenarios. Sólo os importa el dinero.
Mike lo miró con sorna:
-Curiosas palabras viniendo de un hombre que viste sedas y terciopelos ,y vive en un palacio. De todos modos,no veo porque Su Santidad se escandaliza tanto. Los lilim del oeste tenemos que ganarnos la vida . No tenemos el sustento garantizado, ni los privilegios de los lilim del Sur y del Norte.
-Deberías agradecer no tener los “privilegios” de los lilim del Este,si por mí fuera ese hubiese sido el destino de todos vosotros.
-Ah,sí,el privilegio de la extinción- Rió Mike-. Me han dicho que a Su Santidad lo cautivan más los tzadikim nistarim,de ese reino del Este que menciona. Curioso,si tenemos en cuenta que son más caros.
-No he hablado de dinero con ellos- murmuró Ignacio,algo preocupado.
-Tampoco yo he hablado de dinero- murmuró con aire despectivo el lilim- Pero tal vez sea un precio que a Su Santidad le satisfaga pagar.
Ignacio frunció el entrecejo.
-¡No tengo porqué tolerar esa insolencia!
-No,no tiene. Pague lo que nos debe. Y nos iremos en silencio.
El pontífice refunfuñó ante la respuesta,pero luego reconoció que no había opción. Un poco más calmado, señaló al lilim que daría instrucciones para que la deuda fuese saldada ese mismo día.
Con fingida cortesía, Mike agradeció y se retiró del lugar.
Ignacio quedó pensativo. Nada lo aliviaba más que librarse de esos pecadores. Pero tal vez los había cambiado por algo mucho peor.
Con fastidio,apartó esas molestas ideas de su mente. El mundo estaba tornándose muy peligroso, y los tzadikim nistarim eran aliados indispensables en esa lucha.
Cualquier precio a pagar sería poco,se dijo. Aunque internamente sabía que en ningún caso lo pagaría él.

Muerte

No había día en que Juan recordase no haber sido golpeado. Claro que sus recuerdos no se extendían tan hacia atrás en el tiempo…siete años tenía, o creía tener,al menos…tampoco era como si se celebrase su cumpleaños,ni mucho menos.
Y es que su nacimiento no había generado mucha alegría en su familia en particular, ni en su barrio en general.
Los vecinos decían que si él no hubiese nacido,su zona no hubiera incumplido las metas de crecimiento poblacional (por uno,pero se habían excedido), y hubiesen recibido un suculento subsidio…muy necesario en aquel barrio abandonado, carente de casi toda infraestructura sanitaria,escolar… y con más desempleados que trabajadores (adultos, porque niños había muchos en los talleres…)
Sus padres preferían no hablar del tema. Temían que se decidiera tomar represalias contra ellos…
Pero, fuera cual fuese el motivo,Juan creció entre golpes de sus padres,hermanos mayores,primos,y vecinos en general .
Al principio lloraba,pero descubrió que eso los exacerbaba ,y lo golpeaban más aún…y dejó de llorar…
Después trató de escapar,pero no tenía dinero,y sólo podía ir a donde lo llevaran sus pies. El resultado: siempre lo alcanzaban,y lo llevaban de nuevo a casa de sus padres para una nueva golpiza…
Finalmente, se resignó a la ausencia de posibilidad de un escape…
Para ese entonces ya trabajaba más que cualquiera de sus hermanos, pero el dinero iba invariablemente a su padre,porque según éste, “así no se lo gastaría en pavadas”…
Por otra parte,su madre le retaceaba la comida porque decía que no valía la pena dar de comer a un perezoso…
Día tras día, las palizas y la falta de alimento se hacían sentir en el cuerpo de Juan . Pero él sonreía…
Con obstinación rayana en la locura,Juan insistía en sonreír frente a cada agresión, pensando en que tal vez su sonrisa convencería o al menos conmovería a alguien…
No sirvió de nada, las golpiza se hicieron cada vez más violentas…
En medio de una más de ellas, Juan comprendió que su sonrisa jamás los conmovería, como tampoco lo habían hecho las lágrimas…
Débil, y cubierto por su propia sangre, Juan se dio cuenta que toda su docilidad había sido inútil. Lo iban a matar, y no había nada que pudiese hacer para evitarlo. No querían otra cosa que su muerte,y su dolor…
Con sus últimas fuerzas, Juan esbozó una sonrisa una vez más. No les iba a dar la oportunidad de verlo morir rogando…

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